sábado, 14 de enero de 2017

ALIADOS (ALLIED) de Robert Zemeckis



HOMENAJE AL CINE CLASICO

El cine de Robert Zemeckis siempre ha sido impulsado por la
búsqueda de la innovación y perfección narrativa. La trilogía de “Volver al Futuro”, “Quién engañó a Roger Rabbit” son muestra de ello, pero también estamos ante un director se ha apegado a los géneros, respetuoso tanto de las formas como de los contenidos. "Lo que esconde la verdad", "Naufrago", "El Vuelo" son films que también responden a un género. No obstante, su mayor y más emblemática película, “Forrest Gump”, es difícil de catalogar aunque puede decirse que es la historia de la vida representativa de un estereotipo de clase media que logra alcanzar el sueño americano.

Esta semana se estrenó en Argentina su último film, “Aliados”, una historia de espías en medio de la Segunda Guerra Mundial que es un gran homenaje al Cine Clásico Americano de los años 40, inspirándose libremente en dos films claves de la década de esa época como los fueron “Casablanca” de Michael Curtiz y “La Sombra de una duda” del maestro Alfred Hitchcock.
“Aliados”, en su comienzo, evoca a la primera de ellas. Transcurre en Marruecos, obviamente en la ciudad de Casablanca, en aquel momento un protectorado francés que estaba bajo la ocupación nazi.

A ese lugar llega Max Vatan (Brad Pitt), un canadiense a las órdenes de los británicos que tiene que hacer contacto con una espía francesa, Marianne Bauséjour (Marion Cotillard) para llevar a cabo una acción militar tras las líneas enemigas.  Hasta allí, Zemeckis maneja el relato con su acostumbrada soltura haciendo vértice en la historia de una pareja ficticia que se va transformando en una pareja real en medio de una ciudad glamorosa poblada de espías de toda índole.

Cumplida la misión, los personajes vuelan a Londres, donde se instalan y comienzan a llevar una vida en común a la vez que se ponen a disposición de los altos mandos británicos. Mientras tanto, Max Vatan sentado frente a la ventana del jardín de su casa, lee "Brighton  Rock", donde Graham Greene describe un mundo en quiebra moral para, desde ahí, ir remontando la crisis hacia una, no segura pero posible, regeneración de la humanidad. Un explícito homenaje al gran escritor y un profundo deseo de quienes viven en medio de una guerra.

Es allí cuando Londres es bombardeada y los altos mandos británicos comienzan a sospechar que Marianne Bauséjour no es quien dice ser sino una espía alemana, lo que transforma a la película en un film de misterio y suspenso donde las formas hithcockianas adquieren relieve y Zemeckis vuelve a sacar patente de gran narrador.

El relato es impecable, fluido desde el inicio hasta el final, y Zemeckis lo transforma en imágenes con su acostumbrada firmeza y claridad expositiva. Además, luce la pareja de Brad Pitt con Marion Cotillard, mostrando una buena química para con sus personajes. Ambos resultan creíbles en sus roles. Asimismo, la fotografía de Don Burgués hace prodigios con el uso de la luz. Y una vez más, como siempre, Zemeckis vuelve a tener el respaldo musical de Alan Silvestri, que enmarca el relato con su pericia de costumbre.

En síntesis, “Aliados” es un film entretenido, muy sólido en sus aspectos técnicos, muy bien guionado por Steven Knight (“Promesas del Este”, “Un viaje de Diez Pies”, “Sacrificio de Peones”) y cinematográficamente bien narrado que nos cuenta una historia de amor entre espías en medio de la violencia, la decadencia y las penurias que se viven en una gran guerra, en este caso la Segunda Guerra Mundial. Sus aspectos débiles, que no invalidan las virtudes señaladas, se concentran en ciertos convencionalismos y una sensación de película ya vista que es salvada por la pericia y experiencia de Robert Zemeckis.

miércoles, 11 de enero de 2017

AQUARIUS de Klever Mendonça Filho

LO INMATERIAL Y EL PASO DEL TIEMPO

“Aquarius”, del brasilero Klever Mendonça Filho estrenada esta semana en Argentina, es un film interesante, un prisma que refleja no solo un personaje casi monolítico como lo es el de Clara, magníficamente interpretado por Sonia Braga, sino que también es una aguda reflexión sobre el paso del tiempo y los cambios de época que ha vivido una mujer de 65 años, como así también es un film político que enmarca la historia en la eterna lucha entre ricos y pobres, entre los de arriba y los de abajo.

La película, divida en tres partes que más bien constituyen formalmente  una introducción, un desarrollo y un epilogo, narra la historia de Clara, una mujer mulata de clase media brasilera, viuda con tres hijos ya mayores, un nieto, dos hermanos y un sobrino, que vive sola en un edificio que se llama Aquarius, que es básicamente el campo de batalla donde Clara está librando una guerra contra una empresa constructora que ha decidido desalojarla para construir un nuevo rascacielos. Si bien esta guerra expresa la lucha por un derecho que va más allá de la propiedad, ello es la libertad de vivir donde la persona quiera, en ese lugar están enraizados sus afectos y recuerdos.

Clara es una mujer que está empeñada no sólo en vivir su vida sino también la historia de su familia. Vive en ese departamento desde hace 30 años. En ese lugar vivió los hechos más relevantes de su vida: la crianza de sus hijos, la pérdida de su esposo, la cura de un cáncer de pecho. Su departamento es su lugar en el mundo. El sitio donde tiene sus cuadros, su colección de long plays de los 80, sus libros más queridos, su piano, y sus escritos. Clara es poeta.

Es así que esa casa se constituye en una especie de bastión de resistencia al paso del tiempo. Un departamento que para la familia es como un museo donde el transcurrir de los últimos 30 años está reflejado en las pequeñas cosas y grandes cosas que la han marcado durante su vida. Y esa casa que contiene su vida y su obra, también la contiene a ella. Cómo poder construir un legado cultural y material si todo se destruye y se cambia por lo nuevo?

En la película de Mendonça Filho todo elemento mostrado adquiere su significado, incluso la cicatriz de la operación de un cáncer en un pecho se puede interpretar como una bandera hecha girones que recuerda la victoria de una lucha y su fortaleza. Clara es una mujer que no se da por vencida fácilmente y sabe que la vida es y será una lucha permanente.

Ella es una testigo de los tiempos que cambian. De hecho, sus hijos y su nieto son, obviamente, agentes de ese cambio. Son la renovación de la vida. Ellos son los que cuestionan por qué no se cambia de departamento y evita los problemas que se le están planteando. Son los que preguntan por qué la solución difícil en lugar de hacer la fácil, para qué guarda discos si todo se puede almacenar en pen drive. El tema generacional está perfectamente planteado. Los jóvenes ven al futuro como una cosa lejana y casi improbable. La vejez nos vuelve aferrados a las cosas y a la necesidad de conservar el recuerdo.

El pragmatismo de la juventud que la rodea ve la cuestión del edificio como una simple cuestión de dinero. El dinero lo resuelve todo. El nieto del constructor del proyecto es un arquitecto recién llegado de Nueva York, donde ha realizado un posgrado y se ha imbuido de todo ese pragmatismo americano. Para él, el Proyecto Aquarius es tan solo un enorme desafío. Tal vez, el primero de su vida profesional.

Aquarius plantea una discusión de actitudes frente a la vida. El conservadurismo, por un lado, y el progreso por otro. En medio de estos planteamientos, la riqueza de este guión de Mendonça Filho deja lugar, incluso, para observar cierto falso dinamismo social en Brasil donde el personaje central, Clara, es una mulata que tiene una mucama de tez blanca, sin dejar de lado la persistencia de prejuicios raciales que expresa el joven arquitecto cuando ataca a Clara de palabra en el jardín y le da a entender que la oferta que le está haciendo es demasiado para una mujer de su clase.

No obstante los méritos señalados, a la película le sobran unos 20 minutos que básicamente están concentrados en la escena final.  Ese final es demasiado explicito, poco realista, carente de la sutileza que caracteriza al resto del relato, incluso, algo ingenuo, y políticamente innecesario.

En síntesis, Aquarius es una reflexión sobre el paso del tiempo y la necesidad de perdurar. El personaje de Clara es apasionante y la actuación de Sonia Braga es una nueva consagración cinematográfica a 40 años de aquella inolvidable Doña Flor. La precisión del guión, la austeridad de la puesta en escena, la calidad de los intérpretes, el ritmo sostenido durante todo el metraje, el interés y la inteligencia del tema tratado, colocan a Mendonça Filho con su “Aquarius” a la altura uno de los mejores directores latinoamericanos.

martes, 10 de enero de 2017

HASTA EL ÚLTIMO HOMBRE (HACKSAW RIDGE) de Mel Gibson


EN LA PAZ, LOS HIJOS SEPULTAN A SUS PADRES. EN LA GUERRA, LOS PADRES SEPULTAN A SUS HIJOS.

En 1993 Mel Gibson salta a la dirección cinematográfica seguramente inspirado por los grandes maestros (George Miller, Peter Weir, y Richard Donner) que lo han dirigido en sus películas más exitosas, y realiza “El Hombre sin Rostro”, una película intimista y personal donde comienza a verse que la estrella tiene cosas para decir y sabe cómo decirlas. Años más tarde, en 1995 llega a su momento más exitoso como actor y director realizando “Corazón Valiente”, película que se alza nada menos que con los Oscars a la Mejor Película y a la Mejor Dirección. En 2004 decide filmar e interpretar la “Pasión de Cristo” y realiza uno de los films más controvertidos de la historia del cine, enseñando al mundo lo que es capaz de hacer. Dos años más tarde realiza “Appocalypto”, un fracaso y su estrella se apaga. Ahora vuelve a la dirección con “Hasta el Último Hombre”, un film que dará que hablar.

“Hasta el Último hombre”, es un muy personal film suyo que no podía dejar de ser otro film sumamente controversial. Lejos, muy lejos de ser un film antibelicista, narra la historia de un pacifista, un joven que no se niega ir a la guerra pero se niega a tomar las armas, pero está dispuesto a salvar vidas.

Con altibajos narrativos, muy marcados en el comienzo del film, a Gibson le cuesta sintetizar la vida de una familia y la niñez de dos hermanos que se crían como salvajes en el medio oeste americano, un medio sumamente religioso y respetuoso de las leyes familiares, donde impera la ley del revolver. El padre es un alcohólico héroe de la segunda guerra mundial, doblemente condecorado, y la madre una abnegada mujer que vive solo para su familia. Los muchachos crecen y el hijo mayor, Desmond (Andrew Garfield), quiere ser médico y se enamora de una enfermera de hospital (Doroty Schutte). Pero estalla la Segunda Guerra, y Desmond decide enrollarse en las filas del ejército.
Desde el momento que Desmond ingresa en el regimiento, la película se transforma. Gibson comienza a sentirse  seguro de lo que está contando y asume verdaderamente la dirección de la película. Desaparecen tanto las convencionalidad del guión como su errática dirección previa. Un nuevo brío, una lucidez  y una precisión que hasta aquí no había tenido el relato aparecen para narrar la vida en el cuartel,  la aparente disciplina del cuartel y más tarde, la violencia y la muerte en medio de la guerra adquieren un primer plano absoluto en función de la repugnancia que deben provocar.

El film se transforma en una especie de fábula pacifista en el cual los cuerpos mutilados por la violencia del enfrentamiento bélico se mezclan con las acciones heroicas y hasta ciertamente ingenuas con que nuestro héroe, convertido en médico militar, asiste, recupera y salva a sus compañeros combatientes.

Cinematográficamente hablando, estamos ante un film coreográfico, donde no solo los cuerpos forman parte de un ballet cuasi gimnástico, sino que soportan una plasticidad de movimientos que el grupo de cámaras dirigidas por el talentoso Simon Duggan registra en ralentí, con un fondo difumado que asemeja la niebla, el polvo y los residuos provocados por las explosiones en el frente de combate. A ello debe agregarse el notable y preciso trabajo posterior de edición que compagina en forma esplendorosa el material filmado. La batalla de Okinawa se transforma en un ballet siniestro donde miles de americanos y japoneses mueren sin el menor sentido del respeto por la vida, ni mucho menos pensando que semejante masacre terminaría años más tarde en una tragedia mayor cuando los Estados Unidos deciden dar por finalizada la guerra haciendo explotar dos bombas nucleares en Nagasaki e Hiroshima.

También es magnífica la música de John Debney, que induce un clima envolvente, una especie de ensoñación recurrente, muy de acuerdo con las hipnóticas escenas bélicas, como así también son destacables las actuaciones de Hugo Waving, Teresa Palmer, Vince Vaughn que acompañan a los protagonistas.


En síntesis, estamos ante una obra despareja de Mel Gibson, pero contundente en su mensaje que no es ni pacifista ni antibelicista, sino humanista, un pedido de respeto por el ser humano, y sus creencias. No obstante, el film peca  de cierta ingenuidad en su relato, pero logra imponer sus ideas más allá de las licencias que se toma para exponerlas volviendo increíbles algunas situaciones, especialmente las relacionadas con la disciplina militar, el manejo de las leyes militares y más tarde, el desarrollo del heroísmo del protagonista. Haciendo estas salvedades, el film es entretenido e interesante, aunque claramente, el nivel de violencia desarrollado no sea agradable para todos los gustos.

sábado, 7 de enero de 2017

RIVER de Abi Morgan





UN CUENTO DE DOS CIUDADES

Londres es una ciudad legendaria. Ha sido la capital de un imperio. Es uno de los centros financieros más importantes del mundo, una capital turística, y uno de los polos de atracción de inmigración más importantes del mundo. Es una capital cosmopolita. Conviven en ella personas de todas las razas y de todas las religiones. Es una de las ciudades más pobladas del mundo. El Brexit no triunfo en Londres.

John River, magníficamente interpretado por el sueco Stellan Skarsgard, no nació en Londres, como tampoco nacieron en Londres la mayoría de los personajes que pueblan “River” la miniserie en 6 capítulos escrita por Abi Morgan para Netflix. Es como si se tratara de una historia de inmigrantes, muchos de ellos, provenientes, incluso, de otros lugares de la propia Inglaterra o del Reino Unido. En River casi no veremos “londinenses”. Pero esos extranjeros no solo lo son por su lugar de nacimiento sino por ser extraños. Son seres solitarios a los que les cuesta perder sus identidades, tienen dificultades de adaptación, costumbres diferentes y les cuesta asimilarse a la población nativa.

River es un policía de investigación que está muy próximo a la jubilación. Conocemos muy poco de su vida y su pasado. Él también es otro solitario del cual no conocemos absolutamente nada. Dedica su vida a la investigación policial. La película lo muestra en un “ahora” permanente como si no tuviera ni pasado ni futuro, pero inteligentemente, Abi Morgan lo coloca frente a la psicóloga policial y River, con mucho esfuerzo, comienza a exorcizar sus fantasmas. El hombre se transforma en una especie de personaje  shakespeariano, siempre trabajando en el borde de la línea divisoria entre el bien y el mal, y rodeado de los fantasmas que pueblan su pasado. Acaba de perder a su compañera de trabajo, que ha sido asesinada cruelmente en medio de la calle. Siente culpa, su omnipotencia ha sido herida. Todo indica que algo más se ha roto en su vida. No obstante, tendrá que ocuparse del caso.

Lo que siguen son 6 episodios apasionantes donde River ira desenrollando no solo una trama complicada de crimen y corrupción sino también, tratando de deshacerse de sus propios fantasmas. En esos procesos no solo aparecerá la soledad y la incomunicación de las grandes ciudades, sino también la imposibilidad de amar, de un hombre herido desde su niñez,  que nunca ha podido superar. Las soledades que muestra “River” son viscerales, arrastradas de traumas familiares, e incluso de generación en generación desnudado secretos, complicadas historias personales y una larga serie de mentiras que finalmente saldrán a la luz provocando daños que van más allá de lo esperado, produciendo la tragedia.

Todos tienen un “esqueleto en el ropero” en esa Babel moderna donde la mayoría sólo  busca ganarse la vida acercándose peligrosamente a la soledad. En esa ciudad de pobres corazones, River lucha por una justicia que le es esquiva y complicada. A su alrededor, todos parecen estar implicados en algo y la soledad asoma como única compañera habitada por fantasmas de otros tiempos pero que se presentan, corporizan y dialogan con el Detective River como si estuvieran presentes todo el tiempo.

River va y viene por los diversos puentes que unen las dos costas de la ciudad como si fueran dos ciudades diferentes. Como si estuviera viniendo del mal hacia el bien y viceversa, mientras los trenes urbanos pasan una y otra vez, apareciendo y desapareciendo  en un túnel, entrando a un puente, corriendo por la costa para volver a perderse en la lejanía. Luces y sombras que iluminan y oscurecen la trama como se nos ilumina y oscurece la vida misma.


Este trabajo de Abi Morgan es realmente notable y nos reconcilia con lo mejor de la TV. Es osada y conservadora al mismo tiempo. Tiene un dominio absoluto sobre el material que maneja. Ya hace un tiempo que nos había maravillado con sus guiones para un par de películas: La extraordinaria “Shame” de Steve McQueen, un inglés que filmó la soledad en Nueva York como solo lo haría un extranjero, quitándole a la gran manzana todo su glamour y dejando solo la extrañeza de sueños y añoranzas. También fue suyo el muy buen guión de “La Dama de Hierro”, en la cual Merryl Streep personificaba a Margaret Thatcher. Allí Morgan no solo mostraba la soledad del poder sino también la soledad del envejecimiento. Ahora, en “River” la soledad vuelve al centro de la escena. No trata de explicarla, simplemente la muestra. River es un hombre que está solo y espera. No sabemos qué espera porque su auto exigencia lo lleva tan solo a cumplir con su trabajo, ello es, investigar crímenes. En ello pone todo su ahínco, y de ello emerge su vulnerabilidad y la absoluta soledad en que vive. No obstante, el final lo ilumina con una pequeña luz de esperanza señalando un futuro que podría ser algo más venturoso.

lunes, 2 de enero de 2017

EL SECRETO DE KALINKA de Vincent Garenq (AU NOM DE MA FILLE, 2016)


EN NOMBRE DE MI HIJA

El crimen es una acción que atenta contra terceras personas, tanto contra su integridad física como moral. Es un hecho que modifica la realidad. El crimen es un acto va en contra la ley y contra la costumbre. Puede ser también un delito contra la sociedad. El crimen merece castigo.

En una sociedad moderna  el Estado organizado es el encargado de impartir justicia. El Estado, a través de sus órganos judiciales, debe esclarecer los hechos sucedidos. Ese esclarecimiento, constituye un acto de justicia. La justicia es la que determina la culpabilidad o la inocencia de los acusados, y si correspondiese, una pena justa a los culpables. La Justicia no está obligada a esclarecer los hechos ni dictar justicia en un plazo de tiempo determinado. No obstante, las causas que no avanzan pueden prescribir después de una cantidad de años sin que se hayan producido novedades legales. Esa prescripción determina el fin de las causas.

El Caso Kalinka, afortunadamente, no se enroló en esta última categorización. No obstante ello, su trama siniestra demoró 30 años en resolverse y se transformó en un hecho judicial relevante ocurrido en Alemania, ocupando tanto la atención de tribunales alemanes como la de los franceses, y de hecho, a la opinión publica de toda Europa.

“El Secreto de Kalinka” es ahora una película que narra los diferentes procesos legales que tuvo que atravesar André Bamberski, padre de Kalinka, para poder esclarecer los hechos ocurridos en la noche del 9 de julio de 1982 en el domicilio del padrastro de Kalinka, el Dr. Dieter Krombach, noche en la que adolecente encontró su muerte a la edad de 15 años.

El mérito del guión y de la dirección de Vincent Garenq, un director de cine francés que viene precedido de una enorme experiencia en la televisión y en el documental francés, es el permanente mantenimiento del punto de vista. Todo el film está narrado desde la visión de los hechos que tiene André Bamberski (un estupendo Daniel Auteuil), quien en la trama real no solo ocupó el doloroso papel de padre de Kalinka, sino que ante la desidia de los tribunales alemanes que dieron origen a la primera investigación de los hechos ocurridos aquella noche en Lindau (Alemania), tomó por su cuenta la investigación y la trasladó a tribunales franceses, obteniendo finalmente una condena a 15 años para el médico alemán, y un año de prisión excarcelable para sí mismo, por la utilización del secuestro como metodología para poner al Dr. Krombach bajo jurisdicción francesa.

Pero esta trayectoria de Bamberski no solo pasa por la crónica de los hechos ocurridos durante 30 años sino que lo más importante es su propia transformación personal. Bamberski se transformó literalmente en un justiciero. El film todo es el retrato de una obsesión, difícil de establecer si es consecuencia de un determinado tipo de personalidad o si solo constituye un afán prácticamente enfermizo de persecución de justicia. Bamberski era una persona común, un contador público que ejercía su profesión en Marruecos donde vivía junto con su esposa y sus dos pequeños hijos a principios de los ´80. Lo que se denomina una familia tipo. Es allí donde circunstancialmente conoce al Dr. Krombach, quien termina seduciendo a su esposa, y provocando el divorcio de la pareja. En síntesis, Krombach arruina la vida familiar de Bamberski, el que se transformará en un ser solitario, una especie de lobo estepario al que en el futuro no solo le costará mantener relaciones estables y duradera, sino que también afectará sus relaciones familiares: con su otro hijo (el menor) y con el resto de su familia (sus padres y hermanos). Bamberski lo pierde todo y se transforma en una especie de zombi en busca de una justicia que le aparece esquiva y que de a poco lo va colocando del otro lado de la ley.

Queda claro que la superficialidad de la primera investigación realizada en Alemania, como la demora en el esclarecimiento total de los hechos (30 años), generan daños colaterales (el alejamiento del hijo, el fracaso con su nueva relación, la indiferencia en que cae su primera mujer),  Asimismo, la dualidad de la personalidad y los comportamientos ambiguos del médico generan hechos traumáticos que afectan la personalidad de Bamberski, sin dejar de considerar que el esclarecimiento total de los hechos llevó 30 años por parte de la justicia y que el involucramiento personal de Bamberski en la investigación implicó el secuestro del médico alemán con el propósito de su traslado a Francia y ponerlo a disposición de la autoridad de los tribunales franceses. Una rara parábola que transformó a la víctima en victimario.

Crónica del horror producido por la ausencia de una real vocación de justicia y un sinfín de cuestiones misteriosas (¿Quién era el Dr. Krombach, cuáles eran sus actividades médicas durante la guerra y cuáles eran sus verdaderas relaciones con el Estado Alemán?) que agregan suspenso a la trama, y tornan la visión del film en una experiencia más que interesante. ¿Es, por otro lado, la lentitud o la falta de la justicia la causa del crecimiento de un sentimiento justiciero casi al borde de una venganza de carácter personal?  ¿Es la destrucción de una vida familiar la que lleva al caos y al delito al propio Bamberski? Esta y otras muchas preguntas surgen de este caso y su posterior juicio que no hacen otra cosa que hacernos reflexionar sobre la necesidad de una justicia efectiva, aquella que investiga en forma profunda los hechos y determina responsabilidades y culpabilidades, lo cual constituye una demanda y una aspiración natural de una sociedad que pretende vivir de manera organizada bajo el imperio de la ley.

jueves, 22 de diciembre de 2016

MIS MEJORES PELÍCULAS VISTAS EN EL AÑO 2016

Con un fin recordatorio y como síntesis de lo que he visto en cine durante el año, no quiero dejar de mencionar las 12 películas que considero más destacadas.


1.       EL RENACIDO de Alejandro Gonzalez Iñattitu (EEUU)
2.       JULIETA de Pedro Almodovar (España)
3.       FRANCOFONIA de Alexandr Sokurov (Rusia-Francia)
4.       NESSUNO SI SALVA DA SOLO de Sergio Castellito
5.       LEJOS DE ELLA de Jia Zhang Ke (China)
6.       TANGERINES de Zaza Urushadze (Lituania)
7.       LA PAZZA GIOGIA de Paolo Virzi (Italia)
8.       VIAJO SOLA de María Soleda Tognazzi (Italia)
9.       ZANETA de Peter Vaclav (Rep. Checa)
10.   TRUMBO de Jay Roach (EEUU)
11.   45 AÑOS de Andrew Haigh (Inglaterra)
12.   STEVE JOBS de Danny Boyle (EEUU)

MENCIONES ESPECIALES
1.       LA NOCHE DE FRANCISCO SANCTIS de Francisco Márquez y Andrea Testa (Argentina)
2.       EL HIJO DE SAUL de Laszlo Némes (Hungria)
3.       BAJO EL SOL de Dalivor Matanic (Croacia)
4.       MON ROI de Maiwen (Francia))
5.       LA JUGADA MAESTRA de Edward Zwick (EEUU)

sábado, 17 de diciembre de 2016

SNOWDEN de Oliver Stone

EL FIN DEL DERECHO A LA PRIVACIDAD

Edward J. Snowden saltó a la primera plana de los diarios en junio de 2013 en oportunidad de dar a conocer documentos de la CIA calificados como “Top Secret”, que incluía detalles sobre programas de vigilancia masiva que estaba desarrollando la central de inteligencia americana (CIA).

Ahora, el cineasta americano Oliver Stone, el mismo de Pelotón (1986), Wall Street (1988), JFK (1991), Nixon (1995), un hombre de la izquierda americana que ha logrado sus films más resonantes entre mediados de las décadas del 80 y del 90, vuelve al cine de denuncia con la recreación ficcional de las declaraciones hechas por Snowden a la cineasta Laura Poitras, ganadora del Oscar 2014 al Mejor Documental por su obra “Citizenfour que trataba sobre la red de vigilancia mundial, y al periódico inglés "The Guardian". 

Snowden, la película, narra un parte de la vida de Edward Snowden, la que trascurre desde los 20 años hasta la actualidad, que lo encuentra exiliado en Rusia. El primer intento de entrar a un órgano del Estado lo hizo en el Ejército de los Estados Unidos, pero queda descartado luego de quebrarse las piernas en un entrenamiento. Entonces busca por el lado de CIA (Central de Inteligencia Americana), donde el éxito le sonríe rápidamente  en los exámenes de ingreso gracias a su alto IQ y su capacidad de desarrollarlo en materia  informática y se transforma en uno de los ingenieros de sistemas  más importantes de la misma.

El film de Stone es, sobretodo, una toma de consciencia. La de alguien que está trabajando para el bien de su país pero termina descubriendo que no es más que un espía de la intimidad de los demás. Y que lo que está desarrollando con inteligencia artificial no es otra cosa que la informatización de los viejos sistemas de la KGB, la STASI, el FBI y la CIA juntos.

Las preguntas surgen solas. ¿Cómo toma conciencia Snowden? ¿Es realmente esa toma de conciencia un acto de carácter espiritual, una confesión de tipo religiosa, o es acaso el darse cuenta que tiene en su manos algo de valor y por lo cual mucha gente estaría dispuesta a pagar millones de dólares? ¿Es creíble esa toma de consciencia? La diferencia entre el bien y el mal están separados por una delgada línea roja. 

Cinematográficamente hablando, poco se puede decir de este nuevo film de Oliver Stone, porque comete un error garrafal. Prioriza el aspecto documental sobre los hechos dramático que narra. Hace pocos días atrás comentábamos Sully de Clint Eastwood, es decir, otra película basada en hechos reales. Y alabábamos la pericia de los guionistas en generar suspenso a través de la re escritura de los hechos transformando a los actores del suceso en buenos y malos. Esta dicotomía le permitía a Eastwood trabajar el material y hacernos reflexionar sobre el tema de las leyendas vivas y su rápido olvido. Stone, en “Snowden”, no hace nada de esto ni de otra cosa. Filma un film rutinario, que a lo sumo parece un documental dentro de otro documental, pero no agrega nada a lo conocido ni genera más reflexión que la que ya sabemos: Alguien nos está espiando continuamente y está al tanto de nuestras vidas a través del seguimiento de nuestros teléfonos celulares, nuestros mails, nuestros chats en wasap, nuestras publicaciones en Facebook, nuestras fotos en Instagram, el envío de nuestros tuits,  nuestros mensajes en Messenger o nuestras charlas por Skype. Es decir, todo el mundo está siendo espiado y se encuentra en una situación “bajo sospecha”.

Es como si el film de Stone llegara tarde con el tema. Incluso las críticas que realiza contra el Presidente Obama respecto a su apoyo implícito a la CIA y al desarrollo de sus sistemas espías llegan prácticamente después de las elecciones en los Estados Unidos, y lo que es peor, se anima contra un Presidente que prácticamente está ido. Lo extemporánea de la crítica se exacerba si pensamos que encima el partido demócrata fue quien perdió las elecciones.

En síntesis, el film de Stone no agrega nada nuevo al tema. Filmada casi rutinariamente, queda lejos de la fuerza expresiva de “JFK”  o de “Nixon”, quizás, para mí, sus mejores películas. Si, en cambio,  no deja de ser un llamado de alerta sobre un nuevo flagelo que en nombre de la seguridad general altera nuestras libertades individuales. Sin darnos cuenta usamos instrumentos que dan lugar a nuestra perdida de intimidad, desde dejar saber dónde estamos hasta que perfume nos gusta, que ropa usamos, que libros leemos, o lo que es peor, donde estamos. El mundo futurista de George Orwell nos ha alcanzado. Su novela “1984”se ha hecho realidad. Big Brother Is Watching You!!

jueves, 15 de diciembre de 2016

SULLY de Clint Eastwood


EL HOMBRE Y SU DESTINO

“Sully”, la película, narra la historia del vuelo 1549 de United Airlines que la tarde del 15 de enero de 2009 despegó del Aeropuerto neoyorquino de La Guardia con destino al Aeropuerto de Charlotte en Carolina del Norte y a los pocos minutos de vuelo se encontró con una bandada de gansos salvajes que impactaron contra el fuselaje y las turbinas del avión, dejando al avión sin propulsión, y obligando a sus pilotos a realizar un aterrizaje de emergencia que se produjo minutos más tarde en las aguas del Río Hudson, a la altura de la calle 48 en la ciudad de Nueva York. Los 155 pasajeros del avión resultaron ilesos.

Hasta allí la noticia. El film de Eastwood, si bien recrea el accidente, se focaliza en otros aspectos del mismo y sus derivaciones. En un principio, el film es un gran retrato de Chesley Sullenberger, el Sully del título, un piloto comercial con una experiencia de vuelo  de más de 40 años, quien desoyendo las instrucciones recibidas de la Torre de Control del Aeropuerto de La Guardia en New York City, tomo la decisión de realizar un acuatizaje. En consecuencia, el film se transforma en un gran relato sobre la responsabilidad individual y la responsabilidad social. En ese aspecto, la conducta de  Sully se transforma en un modelo de profesionalismo, un ejemplo social que toda la sociedad debería imitar. Sully no solo cumple con su deber sino que asume una responsabilidad que va más allá de sus atribuciones. Cuando desoye las indicaciones de la Torre de Control no se insubordina sino por el contrario, aplica su sentido común y su experiencia como piloto. Sully es un hombre ante el destino.

No obstante, ha ocurrido un  accidente. Y ese accidente debe ser investigado. No solo está la responsabilidad social empresaria (la de los dueños de la aerolínea) sino también la responsabilidad de los medios de contralor (la del Estado). Los primeros porque tienen la obligación de volar aviones que se encuentran en perfecto estado técnico. Los segundos, la de hacer cumplir las leyes aeronáuticas y las disposiciones técnicas de seguridad. Y más allá aún están los sindicatos que velan por la condiciones de trabajo del medio que representan. Es muy interesante el modo en que aparecen en medio del accidente los representantes de los diferentes roles que coordinadamente forman parte de una estructura económica y social que constituye sin lugar a dudas el andamiaje de esa primera economía del mundo, una economía capitalista basada en la libertad y la responsabilidad de sus actores.

Más allá de eso, volviendo a lo cinematográfico, es notable como el  guionista Tom Tomarnicki introduce a todos estos actores creando buenos y villanos en función de un rol social orientado al respeto de las leyes y obviamente, a las conveniencias particulares. Eastwood, a su vez, no se queda atrás y saca partido de ello generando suspenso de una noticia donde desde el principio conocemos el final feliz del acontecimiento, pero que el desarrollo necesario de los aspectos burocráticos pone en juego el prestigio y el honor de un hombre que va camino al mito después de haber sido actor de un suceso heroico.

Y aquí, en el camino a la leyenda que desarrolla Sully,  es donde la película alcanza ribetes verdaderamente “eastwoodianos”. Porque Eastwood no se deja llevar por el film catástrofe sino por la aventura humana. El accidente aéreo da lugar al heroísmo, y de ese heroísmo surge un héroe indiscutido: Chesley Sullenberger, “Sully”,  el piloto transformado en celebridad por los medios televisivos. Pero esa celebridad durará muy poco tiempo. En menos de 48 horas se formará una Comisión Investigadora del Accidente y la conducta de Sully será cuestionada. A lo largo del tiempo, el episodio será tan solo una noticia que se publicó en los diarios, Sully será olvidado y su leyenda habrá desaparecido.

Eastwood, que en “Los Imperdonables” había dado fin a las leyendas, y que antes había rescatado la sonoridad del saxo de Charly Parker en “Bird”, y más tarde la voz libertaria de Mandela en “Invictus”, y el recuerdo de Frankie Dunn, un hombre que había practicado la eutanasia a partir de un pedido de su pupila en el ring de “One Million Dollar Baby”, ahora convierte a Sully, un piloto de un avión comercial accidentado, en leyenda, una leyenda viva de efímera vida. Todo pasa y nada es para siempre. Los personajes de Eastwood desaparecen perdidos en el tiempo.

El Maestro Eastwood dirige con su estilo único. Por la austeridad de su puesta. Por la claridad de sus imágenes. Por la precisión de su ritmo narrativo. Por la adecuada utilización de todos los recursos disponibles. Por eso estamos ante otro de sus grandes films. Eastwood impone su tiempo, acompaña las imágenes con su propia música, logra un clima amenazante durante la crónica del accidente, después acompaña a su personaje por el derrotero de las angustias personales mientras dura la investigación de los hechos. Nos hace dudar sobre la capacidad de Sully. Uno se pregunta: ¿Hizo Sully todo bien? ¿O acaso fue un infractor a las normas aeronáuticas vigentes en aquel entonces? A todo ello, hay que agregar la ajustada y sobria actuación de Tom Hanks, quien le da carnadura y humanidad a un personaje, un hombre mayor, un ser común que se gana la vida como piloto de avión, transformado en superhéroe por los medios. Acompaña también con otra precisa performance Aaron Eckhart, en el papel del copiloto Jeff Skiles, y la siempre fiel Laura Linley, en el papel de la esposa de Sully.

En el final, cuando comienzan a caer los créditos finales, imágenes reales del accidente y de sus protagonistas se intercalan en la pantalla. La realidad se impone sobre la ficción y los héroes y los mitos desaparecen  definitivamente, así como terminan perdiéndose las imágenes sepultadas en algún viejo depósito de celuloide. En síntesis, otro gran film de Clint Eastwood, a los 85 años, ya transformado en leyenda propia del cine americano.


martes, 22 de noviembre de 2016

CORAZÓN SILENCIOSO (Stille Hjerte) de Billy August



¿SABES QUÉ ES LO MÁS DIFICIL?
SI, NO PODER DECIR LO QUE SIENTES.

Billy August es un director dinamarqués que se hizo famoso en 1987 cuando su “Pelle, El Conquistador”, se alzó con el Oscar a la Mejor Película Extranjera de ese año. Su carrera ha sido irregular. En 1992 filmó “Las Mejores Intenciones”, una historia de amor basada en la relación de los padres de Ingmar Bergman. En 1993 filma la adaptación de la novela de Isabel Allende “La Casa de los Espíritus”, donde logra una película tan impersonal como exitosa en lo comercial. A partir de allí continúa su carrera sin repetir el suceso de sus primeras películas, no obstante haberse transformado en un director de culto.


En “Corazón Silencioso” toma un guión de Christian Thorpe, un escritor formado en la televisión dinamarquesa, que le plantea por un lado un tema difícil, y por otro una puesta de característica teatrales. August sale airoso en ambos frentes y recupera con este film el prestigio de sus primeras épocas.


El film, temáticamente, parece ser una película sobre la eutanasia. Pero no lo es. La habilidad de August en la puesta, y de Thorpe en el guión, no apuestan a un gran discurso sobre ese tema, sino que vuelven al film más intimista orientándolo hacia una reflexión sobre la vejez y el deterioro de la salud de nuestros padres ancianos. La toma de conciencia que como hijos nos hemos vuelto “definitivamente” adultos. El momento en que perdemos las referencias naturales. Es la perdida de la brújula y la necesidad de comenzar a navegar guiado por el sol y las estrellas. Es obvio que en el film se habla de la eutanasia, pero este acto no es otra cosa que un disparador en una típica reunión familiar navideña durante un fin de semana en el que salen a relucir fortalezas y debilidades de cada integrante del grupo ante la etapa que se avecina, que no es otra que la de la irreparable pérdida de la vida de los padres enfermos.

El grupo, pese a representar una reunión familiar, es lo suficientemente dispar como para diferenciar caracteres y poder airear la obra. La ancianidad de los padres y una amiga de su edad, la madurez de la hija mayor y su marido, la eterna adolescencia de la menor y su pareja, y finalmente, un nieto adolescente e ingenuo que está sufriendo el rechazo del primer amor. Una paleta amplia en colores y situaciones muy bien resueltas por August. Así dispuesto, el film resulta una típica película nórdica, una especie de Bergman algo aguado y aggiornado a nuestro tiempo.


No obstante el carácter dramático de la convocatoria se diluye en la puesta que intenta August, que encuentra su equilibrio por el lado de la comedia costumbrista. Aquí sobresalen los medios tonos. No hay ni drama descarnado ni comedia desaforada. Es un film que conserva un delicado equilibrio pese a estar tratando como fondo un tema espinoso y controvertido disparado por una situación extrema: la enfermedad.


Obviamente estos logros cinematográficos se apoyan en la actuación de grandes actores. Guita Norby como la madre, está extraordinaria. Cabe recordar que su actuación se llevó el Premio a la Mejor Actriz en la última edición del Festival de San Sebastián en España. No es menor el acompañamiento de Paprika Steen  como la hija mayor, Danica Curcic como la menor, y Mortem Grunwald como el Padre.


Los mayores méritos de este film adecuadamente escrito, dirigido y actuado están en haber evitado el melodrama, lograr interesar al espectador con un tema espinoso, a la vez de fugar de los estereotipos, y mantener siempre su equilibrio. Sin duda, el cine danés está recuperando a un director fundamental de su historia. No es poco. Esto se agrega al buen momento de la televisión de su país que ha generado trascender sus fronteras con el éxito de miniseries como Borgen (Gobierno) y Forbrydelsen, adaptada por la televisión americana como The Killing.

lunes, 21 de noviembre de 2016

LA CHICA DEL TREN de Tate Taylor


MOTORMAN, ME BAJO EN LA PROXIMA!!

Lo primero que el espectador se pregunta después de ver “La Chica del Tren” es si el director Tate Taylor habrá tenido en consideración las reglas básicas del cine del maestro Alfred Hitchcock. La respuesta es seguramente que no. Porque Taylor nunca pone en práctica la premisas básicas del cine hithcockiano aunque el guión de su película lo remita una y otra vez a lo largo de su metraje al gran maestro del suspenso. De esas premisas, hay tres que deberían haberse respetado. La primera es que el argumento debería ser simple. La segunda es que el espectador conoce lo que el protagonista desconoce. La tercera es que el espectador debe recibir más respuestas que preguntas durante el desarrollo del film.

Lamentablemente, ninguna de las tres premisas se respeta en “La Chica del Tren”. Como consecuencia de ello, la trama se vuelve engorrosa, el espectador es confundido deliberadamente por los guionistas, y el director complica la trama con una serie de saltos temporales hacia atrás y hacia delante de la referencia temporal, que no agregan nada al desarrollo de la narración,  volviendo confuso lo que es simple. No conforme con ello, la trama introduce a una investigadora policial (Allison Janney) cuyo rol es absolutamente irrelevante y por lo tanto descartable, que pareciera obedecer a solo cuestiones arbitrarias de casting.

La Chica del Tren es Rachel, protagonizada en forma bastante poco expresiva por Emily Blunt, una actriz en ascenso que también tiene en su haber roles importantes tanto en “Sicario, 2015”,  como “En el Bosque, 2014”, y “Queen Victoria, 2009”.  Rachel se la pasa viajando en tren  para poder pasar por delante de la casa de su ex marido, con quien vive obsesionada  como consecuencia de un divorcio, mientras se alcoholiza, toma notas y hace dibujos. Ya de entrada, no queda claro si el personaje central es una mujer despechada, una investigadora, una dibujante de historietas o una escritora, cuestión que pareciera no importar demasiado, aunque a la postre, sea obviamente el personaje central de la película. Asimismo, tampoco quedan claros hasta promediar el film el accionar de los otros tres personajes principales que son, Ana (Rebecca Fergusson ), la nueva esposa de Tom (Justin Theroux), el ex marido de Rachel, y Megan (Haley Bennet), la niñera de Ana. Como se podrán imaginar, en este film, todo opera geométricamente.

Entre saltos los saltos de la trama y saltos temporales del director, la película avanza, cobra forma, y se va transformando en un rompecabezas policial más o menos convencional, que a mi gusto, nunca llega a buen puerto desperdiciando una y otra vez la posibilidad de constituirse en una obra mayor.


El responsable de este dislate es el director Tate Taylor (The Help, 2011), quien hace muy poco desde el lado de la puesta en escena y el mantenimiento del suspenso. En cambio hace mucho porque reine la confusión conduciendo un relato con desprolijidad y desidia, al que solo le ayuda la calidad de una fotografía que alcanza escenas que dan con la frialdad y el distanciamiento que priman en la relaciones de los protagonistas. Esta no es una película sobre la pasión. Muy por el contrario, es una película sobre el engaño. Y el primer engañado es el espectador. Nada ni nadie es lo que se cree que debe ser. No me gusta el engaño y no debe confundirse con la sorpresa. Tal vez, pueda ser que el factor sorpresa funcione en forma atractiva para algunos espectadores, pero aquí en todo momento prevalece el factor engaño sobre el factor sorpresa y solo sirve para estirar el metraje y transformar al film en una superproducción que pueda alcanzar el rotulo de “gran estreno”.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

LA LARGA NOCHE DE FRANCISCO SANCTIS de Francisco Márquez y Andrea Testa


UN VIAJE HACIA EL MIEDO PROFUNDO

¿Quién es Francisco de Sanctis? Un tipo común, de unos 40 años, casado con dos hijos en edad escolar. Labura en una oficina y aspira a tener un ascenso para ganar unos pesos más. Vive en un departamento de 3 ambientes, sin lujos, en un barrio de la capital. No tiene auto, viaja en colectivo, y como gran diversión se encuentra con un amigo después de cenar a jugar al billar.

¿Qué le pasa a Francisco? Francisco se ha aburguesado. De joven ha frecuentado algún campamento de las juventudes izquierdistas donde ha conocido a quien tal vez haya sido un primer amor. Justamente de ella, y después de tantos años, recibe una llamada misteriosa que lo cita. Se encuentran y le pide un favor. Un llamado a la solidaridad.
Un simple favor obra como disparador de una cuestión ética  y moral. Debe hacer ese favor? Y si no lo hace? Acaso traiciona los ideales políticos de su juventud? Dónde quedó su romanticismo escrito en poemas? Cuál es el riesgo? Acaso la solidaridad implica involucramiento? Francisco está ante un dilema. Lo hace o no lo hace. Si lo hace, arriesga su seguridad personal, y tal vez la de su familia. Si no lo hace, quedará en deuda con su conciencia. Se siente involucrado. Cambia su comportamiento. Comienza a sufrir su propia persecución. Busca y se deshace de viejos papeles y revistas. Aflora su miedo buscando una respuesta, pero se siente movilizado. El miedo lo conduce hacia la incomodidad de la clandestinidad. Debe optar entre el aburguesamiento o un gesto de atrevida solidaridad. El miedo le  moviliza y lo incomoda a la vez. Lo saca del lugar seguro, de su aparente confort de pequeño burgués pero lo acerca a sus ideales de juventud donde ha cultivado alguna idea de izquierda y el romanticismo literario del poeta, toda aquella rebeldía que hoy ha perdido después de pasar por la universidad y el casamiento. Lo oculto y lo olvidado ha aflorado.

Francisco se siente inquieto. Ese miedo que sufre paradójicamente lo empuja hacia la soledad de la noche, lo dirige hacia lo desconocido. Ahora se siente perseguido, acaso culpable. El taconeo de sus zapatos que repiquetean como un eco, no son otra cosa que los sonidos de ese otro yo interior que lo frena y lo reprimes. “No hagas eso”, “No te metas”. Francisco se debate entre la persona que es y la persona que quiere o debe ser.

Busca a alguien que ¨está metido”. Quiere deshacerse de esa “obligación adquirida”. No encuentra respuesta. Continúa solo ante sí mismo. Es él, Francisco, el obligado. Toma un colectivo. Viaja hacia el centro de la noche más oscura. Llega a ningún lugar. Se sube a un taxi. Emprende un viaje que recuerda “24 Horas” de Scorsese. Es un viaje hacia la incertidumbre total, hacia un estado primitivo. En el mejor de los casos, a encontrarse consigo mismo, tal vez, a lo mejor de sí mismo.
“La Larga Noche de Francisco Sanctis” es la recuperación del espíritu de aventura interior, un debate entre el deber y el ser, que lo eleva y que lo expone al terror de decidir. Cinematográficamente hablando estamos ante una obra pulcra, de un rigor formal pocas veces vista en el cine argentino. El trabajo de dirección de  Francisco Márquez y Andrea Testa es riguroso. Nunca pierde el punto de vista. Es un film impecable por donde se lo mire. La adaptación cinematográfica de la novela es perfecta. Las páginas literarias han desaparecido para transformarse en imágenes cinematográficas. Esto es cine en estado puro. La actuación de Diego Velázquez es descomunal. Lo mismo se puede decir de todos los detalles de ambientación de la película.


Por último, cabe agregar que el film permite dos lecturas. En una primera visión, es un viaje hacia el miedo interior, hacia lo que desconocemos de nosotros mismos. Pero también es un film sobre el compromiso. En una segunda visión, podemos inferir que la época y el disparador de ese viaje interior, ocurre dentro de un contexto histórico. En consecuencia, ese miedo no sólo es un argumento ontológico sino además, un estado producido por una serie de acontecimientos reales. En esta segunda visión, el film puede verse como una lúcida reflexión sobre esos hechos ocurridos.

lunes, 14 de noviembre de 2016

DESPUÉS DE NOSOTROS (L´ECONOMIE DU COUPLE) de Joachim Lafosse


DESPUÉS DEL INFIERNO…

Estamos en Francia, en la actualidad. Posiblemente en una ciudad de provincia. Los protagonistas de esta historia son una pareja casada con 10 años de convivencia y dos hijas mellizas en edad escolar fruto de ese matrimonio. En la pareja hay un desgaste obvio y están ante la necesidad de una separación. La situación económica es ajustada. El marido no tiene empleo y vive de changas. Su esposa paga la comida y el colegio de las niñas.  Ella le ha hecho un bloqueo doméstico y culinario. Él sigue imposibilitado de mudarse a vivir solo porque carece de independencia económica. La vida familiar se vuelve un infierno.

Después del infierno, sobrevive la separación. Esta es una película que narra en forma directa, casi cruel, la fricción y el desgaste que provoca ese proceso. Muchos recordarán en ese aspecto películas que han descrito distintas partes de ese proceso. En esta misma página comentábamos en diciembre pasado “El Divorcio de Viviane Amsalem”, que narraba la difícil y tortuosa separación religiosa de un matrimonio judío.  Unos años atrás, en 2011, el notable film de  Asghar Farhadi  titulado “La Separación”, donde se ponían al desnudo las falencias de ese proceso burocrático en Irán. Pero tal vez la película que sirva como mayor antecedente de ésta sea la americana “Kramer vs. Kramer”, de 1979 con Dustin Hoffman y Merryl Streep, donde ese difícil proceso se enfocaba desde la discusión por la tenencia del pequeño hijo de ese matrimonio.

Aquí vivimos la estancia previa de la separación. Las principales testigos de la destrucción de ese matrimonio son sus dos pequeñas hijas. Ellas son las que observan y sufren los diarios encontronazos de sus padres. Y desde su visión, que es el de la inocencia y la perplejidad que genera la falta de entendimiento del mundo de los mayores, va quedando en descubierto algunas fallas de una sociedad que necesita asimilar un cambio que no solo está relacionado con lo tecnológico sino también con los roles de la pareja, ello es la mayor participación de la mujer en el mundo laboral, los cambios familiares que eso implica, y hasta el nuevo rol de sostén familiar que debe asumir la mujer. Estos cambios se han producido a una velocidad material más rápida que la mera evolución que desarrolla la costumbre. Es el fin de la sociedad industrial y el comienzo de una sociedad de servicios la que determina el nuevo rol  protagónico de la mujer. La consecuencia no es la fácil adaptación a un cambio sino el estallido de conflictos, entre ellos, los sociales, en particular, el matrimonial y luego, obviamente,  el familiar. Es de difícil asimilación el enroque matrimonial donde el hombre debe hacerse cargo de las tareas domésticas y la mujer debe salir de su casa a trabajar y generar un sustento. A ello, cabe agregar la diferente situación económica-social de sus componentes. Y también, y no en forma menor, la nivelación hacia abajo de una sociedad más igualitaria pero con mayores falencias en la distribución de los ingresos.

Se trata de un film encerrado. Transcurre casi en su totalidad en la casa del matrimonio. Estamos al borde de una obra teatral. Sin embargo, la pericia de la puesta en escena del director Joachim Lafosse es notable porque logra darle un ritmo cinematográfico. Este encierro no se percibe como un desarrollo teatral sino como el propio encierro de la posición de los protagonistas ante la situación que están viviendo. Cada uno de ellos se va cerrando en su propio devenir y ninguno encuentra la apertura hacia el otro. Se trata de un proceso de difícil aceptación, de una realidad que se vuelve áspera, pesada, pero que finalmente es asimilada. La cámara no se distrae en ningún momento. Siempre sigue las acciones en la distancia correcta. Los primeros planos están donde deben estar, como así también los planos generales. El equilibrio que logra el film es notable.

Igualmente cabe elogiar el guión. Cada pequeña escena que va conformando el film se desarrolla de menor a mayor, y a cada estallido le corresponde un remanso de paz que indica una tregua hasta el próximo estallido. Un sube y baja que sabemos no conducirá más que a un solo lugar. No es un film fácil de ver, sin embargo, logra atraer al espectador hasta involucrarlo en el conflicto. Esa participación pasiva implica una incomodidad: La imposibilidad de tomar parte.


A los grandes méritos de una buena dirección y un buen guión, se le agrega un nivel extraordinario de actuación. Berenice Bejó es Marí. La mujer dolida que se hace cargo de la situación. Cedric Kahn es Boris, el marido económicamente humillado por el desempleo que no encuentra su lugar. Marthe Keller es la madre de Mari, la que aconseja con la voz de la experiencia, la que pone paños fríos, pero que sabe que la situación no tiene remedio. En pocas palabras, un film redondo, sin fisuras.

sábado, 12 de noviembre de 2016

EL CONTADOR (THE ACCOUNTANT) de Gavin O`Connor



1 + 1 NO ES IGUAL A 2

Quien es el contador? El contador es un Contador Público Nacional, es decir, una persona que tiene estudio y título universitario, es especialista en contabilidad, se dedica a la auditoria, y hasta podríamos decir que es un profesional exitoso en su actividad. Si se hubiera casado, tenido dos hijos y comprado una casa, diríamos que sería un prototipo del propio “sueño americano”, pero difícilmente, el protagonista de una película. En consecuencia, el guionista Bill Dubuque (El Juez) se las ingenia y dota a su personaje de dos condiciones que arrastra desde su niñez. Es autista y ha sufrido bullying, por lo cual, su padre militar lo ha entrenado en artes marciales y manejo de armas. Hoy en día, en el tiempo presente de la trama, este contador, además de ser un tipo súper inteligente y brillante en el manejo de los números, es también un tipo violento que alquila sus servicios al mejor postor.

Lo inverosímil de la trama no inhabilita a la película como entretenimiento. De hecho es una película entretenida que además cuenta con un muy buen elenco: Ben Affleck como protagonista casi absoluto, no desentona en su papel de El Contador. Lo acompañan tres grandes actores: J.K. Simmons (Whiplash, 2014), Cynthia Addai Robinson, toda una revelación, y la siempre correcta Anna Kendrick (Amor en el Aire, 2010). Esta vez, Affleck no se dirige a sí mismo como lo hiciera en Argo, 2014. La dirección la asumió Gavin O´Connor, un director que ya ha hecho cine de acción (Cuestión de Honor, 2008 y La Última Pelea, 2010), quien maneja la trama con la corrección y la habilidad de un artesano que conoce su oficio, pero ya sea por las debilidades propias del guión o por la necesidad de no tomar riesgos de ninguna naturaleza, opta por la simpleza, asegurando que la película llegue a buen puerto aunque no pasará a la historia de los policiales negros donde podría haberse colocado con algún mérito mayor. En comparación, los dos policiales que dirigió Ben Affleck con anterioridad, ellos son “Adiós, Pequeña, 2007” y “The Town, 2010”, son mucho más sólidos que éste.

En síntesis, entre el Rainman de Hoffman y el  Josh Nash de Crowe por un lado, y el Paul Kersey de Bronson y el Jack Richter de Cruise por la otra, Affleck da vida a este Contador que apenas sale a flote con un film que seguramente tendrá asegurada muchas tardes de cine por TV.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

ZANETA (CESTA VEN) de Petr Vaclav




¿HAY SALIDA o SOLO UNA VÁLVULA DE ESCAPE?

Estamos ante una pequeña película checa que constituye un pequeño milagro dado que se estrenó esta semana ante un panorama incierto en las boleterías cinematográficas porteñas. El film es un enorme fresco social que se eleva de lo particular a lo general con lucidez e inteligencia. En lo particular, se detiene en la vida de Zaneta,  una muchacha joven, de unos 18 años, casada, con una hija pequeña, que busca un trabajo. Recién salida del secundario, sin experiencia, y con necesidad de tiempo para atender la crianza de su niña, le cuesta encontrarlo. Su marido, también un desocupado, vive de pequeñas changas. Ambos pertenecen a la comunidad gitana.

En lo general, aparece lo más interesante de la película. La comunidad gitana tiene características errantes. Se cree que los primeros zíngaros salieron del centro de la India y se expandieron hacia occidente, radicándose en las llanuras de la Europa Central, aproximadamente en el siglo XV. De allí, se diseminaron hacia el resto de Europa y resto del mundo. Hoy forman parte de las corrientes migratorias que la globalización y las diferencias de desarrollo económico han puesto en movimiento. Ahora Europa, como antes los Estados Unidos, es centro receptor de estas masas. Europa, de hecho, lo es con intensidad, dada su posición geográfica como puerta de Occidente, su carácter étnico multifacético,  y la apertura hacia el mundo Occidental que han significado tanto la caída del Muro de Berlín como la constitución de la propia Comunidad. Pero después de la crisis financiera de 2007/8 los tiempos de bonanza económica han desaparecido. La mayoría de los países sufre problemas económicos y financieros, además de que el desarrollo tecnológico sustituye mano de obra provocando desocupación. Las migraciones se han vuelto un problema preocupante.

Y éste es el tema central del film. La acción transcurre en el norte de la Republica Checa, en un pueblo industrial, muy cercano a la frontera con Alemania.  Allí, como aquí, en Argentina, se sufre la falta de trabajo. Y también la discriminación étnica, la exigencia de experiencia laboral, la falta de jardines de infantes, el desconocimiento de computación, la incapacidad de hablar otro idioma, o el sufrimiento de una enfermedad. Todos ellas, condiciones determinantes de la posibilidad de conseguir un trabajo. En la Republica Checa, obviamente, no sobra trabajo, y Alemania, tan cercana y vigorosa, luce como un salvoconducto aunque tan solo sea una válvula de escape que pone otra vez en funcionamiento el movimiento migratorio.

El film, magistralmente narrado por Vaclav con una escasez de recursos notables pero con una claridad expositiva elogiable, oficia como un espejo que refleja el problema que narra desde la intimidad de las peripecias de una familia hacia la descripción de un marco general en el que se representa la sociedad moderna. En este caso, como adelantamos, el marco apunta a la comunidad gitana, una comunidad más bien cerrada, que no obstante, sirve como ejemplo del problema que estamos viviendo.

Los protagonistas no solo sufren la falta de trabajo sino también la falta de vivienda (aunque lo que se ve en la película es bastante menos preocupante que el panorama que presentan nuestras “villas miserias”), la carencia de un sistema sólido de seguridad social más allá de los hospitales públicos, los problemas sociales derivados de la disfuncionalidad familiar (el hacinamiento), la falta de seguridad personal, donde aparecen prejuicios y exclusiones, y sobre todo, la decadencia moral de una sociedad que solo ofrece la changa o la prostitución como formas de ganarse la vida, y termina encontrando en la delincuencia una errónea válvula de escape.

Solo la voluntad inquebrantable de Zaneta por superarse, por seguir buscando,  por disfrutar la dicha de la maternidad, por esforzarse en mantener un matrimonio dejan un espacio para luz en este film duro, descarnado pero inteligente y lúcido del checo Vaclav.


Klaudia Dudová realiza una labor consagratoria en el papel de Zaneta. Sin lugar a dudas, su futuro cinematográfico es promisorio. A su lado, se lucen David Istok como David y Milan Cifra como Marian. Es también destacable la banda de sonido incidental y la fotografía. Pero por sobre todos los elogios, debemos dejar en claro que estamos ante uno de esos pequeños grandes films del año, uno de aquellos que nos deja pensando aún después de salir del cine. Cabe preguntarse entonces si habrá  salida a estos problemas o solo estamos ante una válvula de escape?