lunes, 23 de abril de 2018

MADAME de Amanda Sthers


LAS DIFERENCIAS DE CLASE

Madame recupera parcialmente la comedia de enredos y equívocos que caracterizó al cine francés, cuyos exponentes más exitosos en los últimos años fueron El Placard (2001) de Francis Veber, 8 Mujeres (2002) y Potiche (2010), ambas de Francois Ozon, Los Infieles (2012) de Michel Hanavinacious, y Amigos Intocables (2012) de Oliver Nakache, que mereció una remake aquí en Argentina.

El infaltable enredo de comedia tiene lugar mientras se prepara una fiesta de alta sociedad. La señora de la casa observa que los invitados a su cena son 13. Para eludir el número de la mala suerte, decide hacer participar a una de sus mucamas de la cena, dando lugar a una serie de enredos bastante graciosos, especialmente matizados por la gran actuación de la española, asidua intérprete de las películas de Pedro Almodóvar, Rosy De Palma.

El film levanta vuelo rápidamente pero así de rápido también pierde su interés al caer en la mayoría de los lugares comunes que transita una comedia de este estilo. Lo que al principio pareciera ser una caustica comedia sobre la lucha de clases que tiende a convertirse en aguda sátira social, rápidamente se diluye cayendo en convencionalismos típicos de esa clase de films que intentan hacer una crítica costumbrista sin dejar de atravesar todos los lugares comunes de la comedia social. Lejos está de la comedia a la italiana, en la cual la crítica social era su aspecto mas importante.

No obstante ello, hay en el film un intento de aggiornamiento en lo que respecta a la descripción de las clases sociales. Los nuevos ricos ya no arrastran elementos de alcurnia. Aquí nadie posee apellidos ilustres ni son dueños de grandes porciones de tierra, y obviamente, carecen de todo tipo de tipo de nobleza. Los nuevos ricos son fundamentalmente gente que ha hecho dinero, mayoritariamente de la especulación, y de otras maneras no necesariamente legales como la corrupción.

Los cuatro personajes principales están magníficamente interpretados. Harvey Keitel, un gran actor americano es Bob Frederiks, el dueño de la casa y quien ofrece la fiesta. Él es un extranjero enamorado de París enriquecido en las actividades financieras que, así como lo han catapultado hacia éxito monetario, ahora lo están hundiendo en la bancarrota. Su mujer, Anne (Toni Collette), es una agente de relaciones públicas más ocupada en la diversión propia que en su trabajo. La almodovariana Rosy De Palma es la mucama de la casa que romperá la mala suerte del invitado número 13. Ella será una enigmática condesa española (literalmente se roba la película), y Michael Smiley, un inglés, merchant de arte que ha venido a valuar un cuadro de la casa cuyo destino es el de salvar la finanzas de su dueño. El amor rondará por la mesa. Nadie tiene dudas respecto de la falta de alcurnia de los patrones de la casa ni de sus invitados, como tampoco nadie confía en que la pintura a revisar sea genuina. ¡Señores, la comedia está servida!

Amanda Sthers, también responsable del guión, dirige la acción con sostenido ritmo basándose en dos aspectos: 1) estirar los equívocos hasta el final para poder mantener cierto suspenso sin que caigan las expectativas de lo que ha planteado. 2) Realizar una pintura social creíble dentro de los cánones de la comedia clásica en el marco de esta nueva sociedad liquida. Ninguno de los dos aspectos es logrado plenamente, no obstante ello, logra una comedia amable y pasatista que rápidamente pierde todo intento de transformarse en una pintura social pero que a su vez deja verse logrando que el espectador mantenga una sonrisa en los labios durante todo el relato.

sábado, 21 de abril de 2018

LA LIBRERÍA de Isabel Coixet


SOBRE LA LIBERTAD DEL INDIVIDUO

La nueva película de la directora catalana Isabel Coixet (Mi vida Sin Mí, 2003; La Vida Secreta de las Palabra, 2005) es una hermosa parábola sobre la libertad del individuo. La acción transcurre a fines de los años ´50, en un pueblito de Inglaterra llamado Hardborough, donde una mujer de mediana edad, Florence Green ha decidido montar una librería, años después de haber quedado viuda durante la segunda guerra mundial.

Florence concentra sus esfuerzos en poner en marcha su negocio de venta de libros, pero sobretodo, su problema principal es su lucha contra los estamentos de poder del pequeño pueblo: El banquero que no quiere correr ningún tipo de riesgo, la aristócrata que pretende hacer de la casa de Florence un museo, los problemas que acarrea la contratación de trabajo infantil, la necesidad de contar con el apoyo de los proveedores. En la medida que el film avanza se van desnudando los resortes de poder de un pequeño pueblo, en el que todos los estamentos están debidamente representados, a la vez que van apareciendo las limitaciones que tiene una simple mujer trabajadora para llevar a cabo su pequeña empresa.

De esta manera, contada con mucho tacto, fineza y sentido del ritmo cinematográfico, Coixet elabora una profunda reflexión sobre la dificultad del individuo para lograr sus objetivos, llegar a ser alguien, y construir una vida en función de su trabajo. La directora elabora el relato mostrando el esfuerzo de una mujer que busca superar la soledad de su viudez, valerse por sí misma, al mismo tiempo que intenta alcanzar un sueño. Pero no es solo una aventura individual. Es también la del choque del pueblo frente al poder, aquel que cuando funciona mal o está en las manos incorrectas, abusa atropellando las libertades individuales. Es el dilema de la libertad del individuo frente al poder del Estado.

Basado en el libro del mismo nombre escrito por Penélope Fitzgerald en 1978, y con guión de la propia directora, la película no solo logra una excelente pintura costumbrista construida a partir del ritmo de una comedia típicamente inglesa sino también al describir las dificultades diarias de una mujer sola que simplemente desea armar el negocio que siempre ha soñado para poder ganarse la vida y vivir de lo que le gusta hacer. En ese aspecto, el film se alza como una canto a la vida y al esfuerzo de una mujer culta, que ama los libros, que conoce de autores, que busca identificar el gusto de sus clientes tratando de satisfacerlos literariamente. Una mujer respetada en el pueblo cuya moralidad esta fuera de toda sospecha que choca contra los poderosos del pueblo al traer a su negocio aquellos nuevos libros (Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, Lolita de Nabokov, etc) que obligan a abrir la mente del lector, provocando un despertar cultural que altera el statu quo del poder hegemónico de la clase gobernante.

Con una notable actuación de Emily Mortimer en el papel de Florence, una actriz de larga trayectoria en la televisión inglesa cuyo antecedente más importante en el cine es un personaje secundario (Cloe) que interpretó en Match Point de Woody Allen. En cambio, su papel en La Librería es hegemónico toda vez que su papel es central, su presencia en la trama es permanente y todo el argumento gira en su torno. Está muy bien acompañado por el siempre eficiente Bill Nighy, el recordado rockero de Realmente Amor (2003), y por Patricia Clarkson (Lejos del Cielo, 2003) en el papel de su contrincante, la aristócrata Violet Gamart.

Isabel Coixet logra con La Librería una de sus mejores películas. Un film lleno de buen tacto y fineza narrativa que describe con suma delicadeza y pasión un momento en la vida de una solitaria mujer que simplemente quiere concretar un sueño: una librería en un pueblo que se convertirá en el eje de una disputa que parece molestar los intereses de los más poderosos, desnudando la mediocridad y los intereses espurios en que se mueve una sociedad en la que las diferencias de clase aún no han desaparecido.

lunes, 16 de abril de 2018

EL REENCUENTRO de Richard Linklater



UNA AMISTAD, UN DUELO, UNA REALIDAD

La nueva película de Richard Linklater, con guión del director y de Darryl Policsan, es una historia sobre la amistad, que se desarrolla como una “road movie” que abarca un largo viaje desde Virginia a Boston y un regreso pasando por Nueva York. Pero es también una aguda reflexión sobre el sentido de la vida, la inutilidad de las guerras, y las consecuencias sobre los soldados que han participado en ellas.

Todo comienza cuando Larry (Steve Carell) recibe una noticia. Su hijo, un infante de marina, ha muerto en Iraq. Larry está solo en la vida. Por un lado, su esposa ha fallecido. Por otro, ha perdido su licencia de médico militar por comerciar drogas durante la guerra de Vietnam. Ahora sobrevive como dependiente de un almacén. Consecuencia de ello, decide buscar  la compañía de sus viejos camaradas Sal (Brian Cranston) y Muller (Lawrence Fishburne), a quienes no ve desde que les dieron su baja del ejército, hace casi 40 años atrás.

Está claro que por sobre todas las cosas que trata, Reencuentro es una película sobre la amistad, ese vínculo capaz de mantenerse intacto a pesar de la distancia física y los años pasados, aun cuando hayan transcurrido sin verse el uno al otro. Y es también una reflexión sobre el paso del tiempo, sobre las frustraciones y alegrías de la vida, y sobre el aprovechamiento de las segundas oportunidades. El film adquiere la forma de una road movie donde tres amigos se reencuentran en un viaje que se transformará en iniciático. Marcará un antes y un después al estar signado por la vejez, por la necesidad de apoyarse uno al otro, por acompañarse en el dolor y sobre todo por compartir el duelo del amigo ante la pérdida de un hijo. El film es una indagación en las historias individuales de cada uno.

Ese reencuentro significa un volver a vivir. Cada uno ha desandado caminos diferentes por 40 años y ahora se han vuelto a encontrar en un momento de la vida en que se hayan perdidos, donde van camino a ser otros no necesariamente mejor de lo que fueron de jóvenes.  En ese rencuentro existe un volver a empezar que alude a la esperanza.

No obstante ello, El Reencuentro es también poner sobre la mesa el rol de Estados Unidos en estas guerras donde no se aclara bien el porqué de su participación. La visión acida de la película es absolutamente cuestionadora de las intervenciones americanas. Primero, porque sus propios personajes han estado en ellas y no tienen muy en claro porque fueron y mucho menos, porqué pelearon. Segundo, porque volvieron sin saber si habían ganado o habían perdido. La propaganda bélica era la que daba la respuesta correcta, y estaba ligada con la corrección política.

Por eso es una película sobre la pérdida de identidad, no la identidad personal sino la identidad nacional. Esa es la identidad que se perdió en Vietnam, más tarde en Afganistán, en este siglo en Iraq. Lugares a los que se fue a guerrear sin otros motivos más que los económicos, los derivados del control del gas y del petróleo. El territorio continental de los Estados Unidos nunca había sido atacado, nunca invadido sino hasta después del 11 de setiembre del 2001. Ello ocurrió con el ataque y destrucción de las Torres Gemelas. Sus consecuencias fueron desbastadoras. El país comenzó una caída aún más grande y perdió la seguridad interior. Más tarde, con la caída de la Bolsa de Nueva York en 2008 y el crack bancario internacional, se afectaría hasta el mismo orden mundial. Lo que Estados Unidos ha sufrido es en realidad la pérdida de un ideal, aquel que en los ´50 se dio en llamar “el sueño americano”.

Los personajes de la película se han quedado solos. Tres viejos guerreros que nunca encontraron respuestas. Cuarenta años después, vuelven a hacerse las mismas preguntas. No han hecho casi nada de sus vidas más que sobrevivir. Un médico expulsado del ejército. Un sargento que ha devenido en barman de una taberna solitaria en alguna ruta de Virginia. Un soldado negro envejecido que se ha refugiado en Dios y su familia convirtiéndose en pastor evangélico. Los tres se asemejan a fantasmas de una época ida que solo parecen escuchar: “Sálvate como puedas. El Tío Sam ya no puede hacer nada más por ti”.

Basada en la novela del mismo nombre de Policsan, cuyos antecedentes registran el excelente guión, entre otros, de Permiso de Amor hasta Medianoche (1973) de Mark Rydell, el film está narrado con mucha agilidad y un humor muy corrosivo, donde Richard Linklater vuelve a mostrar su capacidad narrativa y conceptual. El Reencuentro no pretende ser una comedia ácida ni transformarse en un profundo drama generacional. Por eso, deja abierta una puerta de esperanza: la amistad. Esa constituida por un vínculo indisoluble que mantiene unidos a los amigos a lo largo del tiempo y la distancia. Han estado perdidos durante 40 años sin verse, pero ahora han vuelto a estar juntos, se han acompañado y han encontrado algo de perdón y paz en sus vidas. Tal vez la vida les esté dando una segunda oportunidad. Linklater los abandona allí, en medio de la América más profunda.

Nosotros, los espectadores, agradecidos. Acabamos de ver un film visceral, profundo y entretenido. Tres grandes actuaciones para el recuerdo de Carell, Cranston y Fishburne. En síntesis, un film para disfrutar y reflexionar. El cine de Linklater, un texano muy independiente, es así, sorprendente. No olvidemos que es el director de esa joya del cine americano llamada Boyhood. Ésta, como aquella, son para tener en cuenta.

sábado, 14 de abril de 2018

EL ATELIER de Laurent Cantet


LEJOS DE LA TRANQUILIDAD

Laurent Cantet es un escritor y director cinematográfico francés cuyas películas se concentran en los problemas de la sociedad de su país y particularmente, a través de sus personajes, casi siempre hombres jóvenes que se enfrentan por primera vez con el mundo laboral. Ganador de los festivales de Mar del Plata y de Cannes con Recursos Humanos y La Clase, respectivamente, Cantet es un director que hace un cine de características intelectuales donde suele desarrollar películas que transcurren en un ámbito de cambio donde prevalece un misterio que se trasforma en una amenaza solapada para toda la sociedad.

Su cine se enrola en la línea de denuncia social muy parecida a la de los Hermanos Dardenne, que habitualmente se basa en un personaje que concentra la mayor parte de la atención para luego incluirlo dentro de un marco más amplio donde el director encuentra la problemática que afecta a su personaje y a su entorno.

En El Atelier aísla a sus personajes en una villa costera. Allí vive una escritora que se dedica a atender un grupo de escritura donde concurren jóvenes a los cuales les plantea desarrollar una novela en forma colectiva, en la que se decide utilizar una trama policial. Cada uno propone ideas, se las discute, se las aprueba y entre todos empujan el progreso de la obra en común.

Pero en un grupo heterogéneo siempre existe alguien diferente. En este caso es un muchacho, Antonio (Marco Lucci), de una condición muy humilde que vive en el pueblo. Allí, el trabajo se ha concentrado en los astilleros que durante muchos años ha generado trabajo para casi todo el pueblo. Ahora la actividad ha mermado, han comenzado los despidos, el pueblo ha visto mermar sus ingresos, y ya no queda otra actividad que no sea el turismo o la emigración hacia otras ciudades.

En ese estado de insatisfacción que deriva de la falta de trabajo, la idea del progreso mediante el estudio parece ser lo razonable. Por eso, el trabajo colectivo de carácter intelectual en un atelier para escribir una novela con una trama policial resulta atractiva para los alumnos. El resultado es una apasionada confrontación de ideas que deriva en discusiones que Cantet aprovecha para generar un paralelismo entre la presunta violencia que se genera en la novela y el ambiente de trabajo que se tensa como consecuencia de las diversas propuestas.

De esta manera, el Atelier se transforma en un reflejo de una sociedad que, muy prospera en otra época, ahora comienza a tener problemas de desocupación a los que se le agregan los derivados de una sociedad que ha hecho de la libertad uno de los pilares fundamentales de la convivencia, por lo cual ahora, se siente amenazada por la entrada indiscriminada de corrientes inmigratorias que incluso arrastran elementos terroristas que amenazan la preciada paz social que Francia había logrado concretar en la posguerra.

Cantet maneja estos elementos con suma sutileza. Adopta la forma de un film de suspenso que encierra un misterio, pero lo fundamental en la trama es el conjunto de relaciones que establece entre los miembros del grupo de estudio. Dicho grupo replica el orden social imperante. Marina (Olivia Dejazet) es la profesora que dirige el grupo de estudio, la autoridad. Es una escritora de clase media acomodada que vive de la venta de sus libros. Tiene una vida tranquila, aislada y confortable sin necesidades aparentes. Por otro lado, el grupo de estudio (el pueblo). Ellos son los encargados de realizar el trabajo. Viven escribiendo e ignorando los problemas sociales que se están produciendo, pero no reaccionan porque viven concentrados en realizar las consignas diarias. Finalmente aparece Antonio, el joven díscolo, la célula rebelde del cuerpo capaz de ver el problema y rebelarse.

Producto de ello Cantet construye un notable film de suspenso marcado por las relaciones entre los personajes principales que deriva en un análisis de la situación social actual en Francia. Estamos nuevamente ante un trabajo muy inteligente del director francés, espléndidamente desarrollado y actuado en un marco de encierro paradójicamente muy cerca del mar, casi con alguna característica de tipo teatral, que logra interesar por su sutileza narrativa y sobretodo, por la situación que propone analizar. Altamente recomendable.

viernes, 13 de abril de 2018

LOS BUSCADORES de Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori


ENTRETENIMIENTO EN ESTADO PURO

Conocí a la dupla Maneglia / Schembori en 2014 cuando se estrenó comercialmente en Argentina 7 Cajas. En aquel momento afirmé que tal vez había visto el mayor descubrimiento cinematográfico de aquel año. Asimismo, consideré que se trataba de un muy buen thriller de acción y suspenso que abrevaba en el cine americano.

Con la visión de Los Buscadores, esas premisas se confirman, no quedando ninguna duda que las destrezas de la dupla tanto en la construcción del guión como en el desarrollo cinematográfico, tienen la habilidad suficiente para entretener con recursos genuinos. Su nueva película abreva una vez más en las fuentes del cine de súper acción americano. Si en 7 Cajas, había claras influencias del cine de los 70 tales como Bullit de Peter Yates (1968), Harry, El sucio de Donald Siegel (1971) y más tardíamente de la serie Arma Mortal de Richard Donner (1987), en esta nueva entrega, se remiten al cine de los 80: El Richard Donner de Los Goonies (1985), el Steven Spielberg de Los Cazadores del Arca Perdida (1981), y el Robert Zemeckis de Tras la Esmeralda Perdida (1984).

En esta oportunidad el dúo parte de hechos históricos. La acción se desarrolla en Asunción en nuestros días y remite a los tiempos de la guerra de la Triple Alianza. En aquel entonces, la población de Paraguay se redujo a 180 mil personas, de los cuales, 160 mil eran mujeres. Se dice que las mujeres de mayor fortuna, por miedo a ser saqueadas, enterraban sus joyas y monedas en los jardines y los fondos de las casas. O sea, hay miles de tesoros escondidos en tierra paraguaya y especialmente en los alrededores de Asunción. Las correrías de nuestros héroes se concentrarán en torno a ello.

A diferencia de 7 Cajas, donde la acción se concentraba en el hecho policial y sobretodo en la formas narrativas (la estética), en Los Buscadores, además, se profundiza en el estado social y las enormes diferencias económicas existentes, tornando al film en una pieza muy interesante, convirtiendo al relato en un verdadero fresco de la realidad social de aquel país bajo la forma de una comedia policial.

La capacidad de la dupla Maneglia / Schembori es notable. Es como si asumieran hacer cine sin complejos ni preconceptos y lo hacen de la manera que más les gusta, tomando las formas y los conceptos del cine americano. De esa manera desarrollan un film pleno de acción e incluso suspenso, logrando despertar el interés del espectador en historias pequeñas que cobran vida a medida que la trama se va desarrollando.
Sus dos primeros films, son piezas notables donde realizan un explícito homenaje al tipo de cine que aman a la vez que le dan una impronta absolutamente localista y reconocible. Es como hacer un tipo de cine inspirado en un lugar y realizarlo en otro muy distinto, conformando un hecho contracultural de una calidad superior.

Lo cierto es que Los Buscadores termina retratando una realidad inconfundiblemente latinoamericana con la estética formal y el ritmo del clasicismo americano. Una joyita que entretiene y deja pensando.

viernes, 6 de abril de 2018

LA CIAMBRA de Jonás Carpignano


¿DÓNDE ESTÁN LOS GITANOS FELICES?

No conocía el cine de Carpignano, un joven director neoyorkino de origen italiano, cuyo segundo film, La Ciambra, se estrenó en Buenos aires. Su primera película, Mediterránea, permanece aún sin estrenar.

El film es una historia sobre una familia de gitanos que trascurre en La Ciambra, un villa miseria en Sicilia, en el sur de Italia, en medio de un lugar que no solo es reconocible por sus hermosos paisajes, y la mafia sino también porque es puerta de entrada de las corrientes inmigratorias provenientes de Medio Oriente y el norte de África dando lugar al asentamiento clandestino de miles de personas en estado de precariedad económica y habitacional.

No obstante ello, no estamos ante un film coral sino ante una historia de crecimiento personal, la de Pío, un adolescente que debe crecer, hacerse un hombre como consecuencia que tanto su padre como su hermano son llevados presos por la policía, dado que son agarrados infraganti en un robo de autos. Cabe agregar que la mayoría de los gitanos pobres que viven en la zona se dedica al robo de autos para revender las autopartes.

El film es también una historia de encierro, la de un joven que no puede escapar a su destino. La de alguien que sabe que tiene que ayudar a su familia y dada su juventud, es incapaz de salir de su encierro familiar.

Y es también una historia sobre la amistad y la traición, de la incapacidad de sostener una amistad, de recibir ayuda y principios de vida que nunca podrá llevar a la práctica porque vive encerrado en una familia en la cual se deben respetar costumbres ancestrales. Es también la descripción de un pequeño mundo donde las mujeres solo existen para atender la casa y al hombre, y los hombres para ganar el pan nuestro de cada día, cualquiera sea su forma.

Carpignano recrea esta pequeña historia y la hace grande siguiendo el devenir de Pío, a quien sigue con su cámara con disciplina y la rigidez necesaria como para describir a un adolescente que no solo vive las cuestiones propias de su edad sino también se ve necesitado a crecer de golpe.

Contada con cámara en mano con un registro de tipo documental, Carpignano va sumando anécdota tras anécdota personal y familiar para poder armar un momento en la vida, la adolescencia, de un personaje real víctima de los mandamientos familiares.

Los resultados son más que positivos. Si bien La Ciambra es un film lento en su principio, se va afianzando en la medida que su personaje principal va cobrando cuerpo y entidad dramática, a la vez que va concentrando sobre si la mayor parte de la anécdota que se desarrolla . Si bien el objetivo inicial de Carpignano pareciera ser la pintura de toda una comunidad, con dedicada paciencia narrativa va quedando delineado su personaje principal, el cual va asumiendo un protagonismo absoluto  a partir del cual su película se transforma en un documento notable sobre la inmigración descontrolada, la falta de oportunidades, la falta de adaptación a las nuevas costumbres y la inevitable marginalidad a la que son condenados millones de refugiados que solo aspiran a tener una vida mejor.

jueves, 5 de abril de 2018

READY PLAYER ONE de Steven Spielberg



LA REALIDAD ES LO ÚNICO REAL

El cine de Stephen Spielberg está regido por la mirada del asombro, ello hace que cada vez que estamos ante una de sus películas, de una forma u otra, volvemos a sentirnos niños frente a su propuesta. Esa mirada recorre casi todo su cine, incluso su cine más serio, aquel que ha narrado desde acontecimientos históricos como La Lista de Schindler o Lincoln o las fantasías más increíbles como las de ET o Jurasic Park. Siempre en él hay un elemento que conduce a nuestro asombro.

En Ready Player One esa mirada también está presente desde la primera hasta la última escena. Al principio, recreando un mundo absolutamente decadente en la ciudad de Columbus, Ohio en 2045, y luego, durante el desarrollo de la trama, mostrando un mundo virtual al que nos sumerge desde el juego que da título a su película, lleno de personajes míticos y fascinantes a la vez poblado de referencias a la historia y al mundo del cine. 

La trama es simple aunque a la vez, compleja. Se trata de encontrar al creador del juego, que ya muerto en la vida real, vive en forma virtual dentro del juego donde esconde un secreto que develará una fortuna para el ganador del mismo. Quien encuentre las tres llaves perdidas en el laberinto virtual, encontrará al creador, y con él, su fortuna personal. El juego se llama Oasis y su creador, James Hallyday. El ganador se transformará en nuevo el dueño de Oasis y en el hombre más rico de ese mundo decadente y real.

Los personajes eligen su avatar dentro de un juego donde buenos y malos compiten por un premio expresando todo aquello que cada uno hubiera querido ser. Así Wade Watts se transforma en Percival, un personaje que alude a los Caballeros de la Mesa Redonda del Rey Arturo en busca del Santo Grial. En el nombre hay una búsqueda de la luz.
Spielberg maneja este material con su maestría y habilidad habitual. No deja de asombrar su capacidad para pasar del mundo real al mundo virtual y viceversa sin que se noten caídas en el ritmo narrativo ni confusiones conceptuales respecto de las dos realidades que simultáneamente está manejando.

También es impresionante su viaje por el tiempo y su estadía en los años 80, con un explícito homenaje a Stephen King y a su obra El Resplandor, como así también a Stanley Kubrick y la recreación cinematográfica de algunas escenas de la película como la ola de sangre saliendo de los ascensores, el terror de la madre en la bañadera y el final en el laberinto, al a vez que pasa revista a los mayores iconos de esa década, incluyendo temas musicales de Duran, Duran, Prince o Van Halen.

No obstante la calidad formal y conceptual de la obra que indudablemente marcará un hito, cabe preguntarse en que categoría calificaremos ese hito. Porque claramente, y aunque lo parezca, no es un film de ciencia ficción sino un cine sobre la futura realidad de una época y la posibilidad de meternos en una realidad paralela como la realidad virtual que es todo un hecho (ciertas estadísticas y predicciones no alumbran un mundo mejor sino decadente y empobrecido).


Hacia el final, Spielberg, casi como un abuelo que acaba de mostrar su maestría cinematográfica realizando una obra trascendente, coloca en pantalla una especie de aviso en el cual advierte sobre los peligros de sumergirnos en la realidad virtual e ignorar la realidad real. Es que el film presenta una cruel paradoja en la cual la realidad que describe es absolutamente desechable y por el contrario, la realidad virtual no solo nos deparará alegría sino que nos transformará en héroes y nos llenará de felicidad, incluso nos permitirá ser millonarios.  Es como poder tener una doble vida en la cual por un lado podemos ser unos pobres desgraciados, y por el otro, ser capaces de vivir una vida absolutamente excitante como héroes de una novela, triunfar en un juego y ganar dinero. Dos mundos que se oponen tal como ocurre con el consumo de drogas. Esto nos lleva a preguntarnos qué tan dependientes nos volvemos de esa realidad virtual como dependientes nos volvemos de sustancias toxicas ignorando la realidad de cada día a la vez que dejamos de ser nosotros mismos. Sin lugar a dudas, el viejo maestro, además de entretener durante más de dos horas, me dejó pensando.

sábado, 31 de marzo de 2018

PROYECTO FLORIDA de Sean Baker



THE OTHER FACE OF U.S.A.

Sean Baker, que el año pasado nos sorprendiera con esa maravilla llamada “Tangerine”, regresa a la pantalla con su nuevo film Proyecto Florida, que como el anterior, se inscribe en un línea  de cine realista y que abreva en los problemas de las clases sociales más bajas, contando historias de personajes fronterizos.

En esta nueva oportunidad, el director neoyorquino que parecía haberse afincado en California, reaparece en el Estado de Florida, en la periferia de Orlando, donde están radicados los inmensos parques de Disney, MGM,  Universal y otros.

Su historia gira nuevamente en torno a seres marginales pero las acciones están narradas desde la inocencia, la frescura y la vitalidad de una niña de unos 6 años llamada Monee, hija de Halley, madre soletera que se gana la vida robando baratijas y prostituyéndose para poder comprar algo de comida y pagar un hotel rutero.

El film narra con encanto las correrías y travesuras de Monee a la vez que va generando un gran fresco social del cual participan otros pasajeros y sobre todo, Bobby, el Gerente y Capataz del Hotel donde se alojan, que debe arreglárselas diariamente para que sus clientes, una población estable de muy bajos recursos, paguen regularmente la tarifa.

Mientras el film avanza como la descripción de las correrías de un pequeño grupo de niños, Baker va consolidando una pintura social que se nutre de pequeñas estampas de la vida en ese Hotel repleto de marginados donde siempre aparece la solidaridad como moneda corriente para poder enfrentar la vida.

El cine de Baker no descuida ni la historia que narra ni la pintura social que realiza. Su visión siempre optimista observa soluciones donde ante circunstancias marginales no deja de aparecer la solidaridad de la gente. La presencia del Estado solo aparece frente al hecho policial o ante la denuncia de la violación de la ley. No se ve una ayuda social que pueda corregir abusos o la pérdida del rumbo de alguno de sus personajes. El realismo de Baker no apela al golpe bajo ni al endulzamiento artificial de la historia para hacerla más digerible. Deja que el espectador saque sus propias conclusiones.

No hay duda que la película nos muestra esa otra cara de los Estados Unidos que generalmente el cine de Hollywood se niega a mostrar. La independencia del director lo lleva por caminos fronterizos donde aparece es otra cara que sin ir muy lejos está en la periferia de ese mundo de cartón y fantasía que mueve millones de dólares por día. Y lo hace con la pintura fresca de un grupo de niños que mayormente pasan el tiempo jugando, mostrando su falta de educación, sus ansias de imitación de los mayores, sus deseos de crecer rápidamente y acceder a un mundo adulto de cual aún no parecen darse cuenta de las dificultades que presenta.

Muy bien actuada por un grupo de actores niños y adultos no profesionales liderados por un señor actor como Willem Defoe que asume el papel del Gerente del Hotel. Su presencia es rectora, es la que marca el camino, el que evita las desviaciones pero a su vez es la mirada protectora de alguien que tiene conciencia social y conoce la vulnerabilidad del grupo humano que a su torno desarrolla una vida periférica.

Sin lugar a dudas estamos ante una de las mejores películas del año dotada de una enorme capacidad metafórica que nos deja pensando sobre lo que hemos visto aún mucho después que la película haya terminado. Las escenas que filma Baker con los niños, por su espontaneidad, hacen recordar a aquellos films notables que fueron Saltando los Charcos de Karel Kachina (1971)  y La Pivellina de Tizza Covi y Rainer Frimmel (2009).

Un comentario aparte merece el final de la película, un final absolutamente inspirado donde la presencia del Estado se hace presente tardíamente ante una situación límite y la chiquilla intuye que tiene que intentar una fuga. Allí, corriendo con el último aliento hacía del Magic Kingdom, observamos que todo lo que reluce no es oro y algunas verdades están hechas de lo que están hechos los sueños. Aquí aparece claramente la dualidad, la otra cara de los Estados Unidos de América.

viernes, 30 de marzo de 2018

EL INSULTO de Ziad Doueiri


PONER LA OTRA MEJILLA

Toni parece estar en el momento más feliz de su vida. Su mujer espera un hijo y su trabajo en un taller mecánico funciona de maravillas. Sin embargo, una tarde, observa que por segunda vez, una cuadrilla municipal intenta colocar un caño de desagüe a través de su balcón. Ello lo lleva a una discusión con el capataz de la obra.

Un incidente menor que destapa un problema mayor. Toni es un cristiano libanes. El obrero de la cuadrilla municipal, un palestino que vive refugiado en el Líbano. El pequeño incidente eleva paulatinamente su nivel de violencia bastando y sobrando como para llevar las cosas al campo de la justicia. En ese ámbito se dirimirá un pleito de fuertes connotancias patrióticas, sociales, y religiosas que partiendo de una discusión callejera termina reclamando la atención del propio presidente de la República y formando parte de una escalada de violencia que no tiene fin en todo Medio Oriente.

El film, llevado como un largo juicio donde parece no haber principio y cuesta demasiado encontrar final, recrea un estado de situación social difícil de equilibrar por la simple vía política y/o judicial, terminando la mayoría de las veces en una violencia feroz.

Describe una situación donde nadie está libre de haber tirado la primera piedra, pero también todos parecen culpables e inocentes a la vez. Un insulto que requiere de una disculpa es la chispa que enciende un escándalo que mediatizado judicialmente termina por transformarse en una cuestión nacional y más tarde de Estado.

Así son las cosas en Medio Oriente. Siempre en los extremos haciendo imposible la convivencia pacífica porque nadie escucha al otro y el dialogo aparece como algo imposible de ejercitar. Transcurre, además, en un ámbito lleno de prejuicios raciales y sociales que condicionan e impiden el mencionado dialogo, y lo que es peor, lleva a dirimir los conflictos a través de la violencia.

También debemos considerar en este estado de las cosas que la película refiere a un pleito antiquísimo, milenario, donde en un lugar muy estrecho de tierra deben convivir pueblos de distintas etnias, religiones e infinitos prejuicios, donde nunca está claro quien tira la primera piedra. Estallado el conflicto, aparecen mezclándose tanto el pasado como el presente, derivando los sucesos a un estado pleno de confusión, incluyendo la existencia de pueblos nómades que caminan el desierto.

La inexistencia de dialogo producida por la falta de la escucha del uno hacia el otro no hace otra cosa que devenir en un estado de violencia en la que es muy difícil determinar quién fue quien inició la contienda. El lugar de la compresión es ocupada por el de la sinrazón, y de allí al estallido de la violencia hay solo un paso. Consecuencia de ello, reina la confusión, la intransigencia, cerrando toda posibilidad de salida.

Con un guión muy prolijamente escrito, que da varias vueltas de tuerca sobre el asunto buscando siempre una salida donde prácticamente no la hay, termina convenciendo sobre porqué la violencia priva sobre la necesidad de dialogo. Muestra que aún Medio Oriente vive sumergido en un pasado lejos de un mundo con fronteras abiertas, que todavía sigue negando protagonismo a la mujer, aunque en el film siempre que aparece una mujer que lo hace desde una posición equilibrada, con compostura, y ocupando algunas posiciones claves como la de la jueza, y la abogada defensora del palestino.

La dirección de Ziad Doueiri es prolija, convencional, realmente responde a un estilo clásico que termina en película de juicio. Sabe que lo importante está en la letra del guión y en cómo se dice esa letra por los actores. Estamos ante una película donde el guión es la estrella y no el director, aunque Doueiri cumple ambos roles.

Un último dato para precisar el estado de las cosas en el Líbano nos dice que esta obra tuvo que pasar la censura y que el organismo público correspondiente obligo a poner una leyenda justo después de los titulo principales que dice que las opiniones vertidas en el film eran propias de sus autores y no necesariamente coincidían con la de los poderes públicos.

sábado, 24 de marzo de 2018

LA REINA DEL MIEDO de Valeria Bertucelli y Fabiana Tiscornia



MOMENTO DE ENCIERRO

En primer lugar, el estreno de una película argentina siempre es bienvenido, especialmente cuando se trata de gente del ambiente que ha decidido dar un paso adelante para seguir construyendo ese tan necesario cine nacional, fuente de trabajo para mucha más gente. En este caso es la opera prima de Valeria Bertucelli, con una interesante carrera como actriz en cine y teatro, de Fabiana Tiscornia, una mujer con una larga filmografía como asistente de dirección de los más importante directores argentinos, y Marcelo Tinelli, un animador y productor de televisión que se destaca por sus grandes espectáculos y series televisivas.

El film, prolijamente realizado desde lo cinematográfico, cuenta con un guión que encuentra algunas dificultades. Le cuesta avanzar, se enamora de su personaje estrella, y termina girando siempre sobre lo mismo, en lo que se transforma en un hecho egocéntrico alrededor de su protagonista principal, Robertina, una actriz destacada que se encuentra en un momento importante de su vida: su marido la acaba de abandonar, esta frente a un inminente estreno teatral que protagoniza, y tiene un amigo íntimo en Dinamarca que está muriendo de una enfermedad terminal. Un entorno que indudablemente la condiciona.

La dupla Bertucelli / Tiscornia encierra las acciones dando un aspecto claustrofóbico al film. Hay en ello un mérito dado que el encierro constituye un riesgo que las directoras asumen desde la primera escena. Ese miedo del título se instala como una presencia desde el inicio de la película, la cual puede ser divida en 4 actos: una introducción en la casa de Robertina, un viaje a Dinamarca a visitar a su amigo enfermo, un regreso apurado para estrenar obra en el teatro, y un epilogo que cierra un circulo que obviamente no deja salida.

Robertina muestra las fobias que padece desde el comienzo del film. Su personaje encerrado y acelerado, que pareciera ir y venir rebotando por las paredes, manifiesta una neurosis difícil de sanar. Pide ayuda y lo hace a los gritos pero lo hace desde su encierro y en consecuencia nadie la escucha. Se siente una víctima, y seguramente lo sea, pero de sí misma.

Por otro lado vive en una vorágine que la lleva en el mismo momento que está ensayando una obra de inminente estreno a tomar un avión para visitar a su amigo enfermo en Europa. Es claro que el viaje es un escape de sí misma más allá de la profunda amistad y el amor que siente por su amigo. Pero es también un acto de profunda irresponsabilidad frente a sus productores teatrales. No obstante, ella está buscando tomar distancia yendo hacia una situación en la que deja de ser la víctima para transformarse en apoyo de un amigo. Pero no lo logra. Su amigo, pese a su enfermedad, manifiesta tener un equilibrio y una entereza de la cual ella carece. Y la situación planteada, paradójicamente, termina en reversa.

Robertina es puro vértigo. Vive escapando de sí misma durante todo el tiempo. Esta afectada por una neurosis que desconoce aunque producida por las circunstancias que atraviesan su vida.

El estreno de la obra teatral volverá a ser otro momento que constituirá un nuevo vía crucis en su vida. Llena de pánico, presionada por sus productores, finalmente será ovacionada aunque no podrá escuchar los aplausos. Su angustia no la deja disfrutar del estreno y abandonará la obra.

El final cierra la película pero deja abierta la pesadilla. Robertina no ha podido salir de ella, ni seguramente podrá hacerlo. El cuadro que presenta y su entorno enfermizo requieren de una ayuda especializada de la cual carece.

Claustrofóbica y algo reiterativa, La Reina del Miedo funciona en virtud del carisma inigualable y la capacidad para transmitir sentimientos que tiene Valeria Bertucelli. Ella es el centro de atención de toda la película, y no hay escena que transcurra si su presencia. Su actuación es casi un muestrario de sus capacidades actorales, como así también de su tendencia al histrionismo.

Prolijamente realizada, intachable en sus rubros técnicos, la película queda como un retrato inacabado de una mujer que sufre una neurosis sin ninguna capacidad de salida aparente. Es la descripción de un momento. No hay un antes ni un después. La salida de la situación planteada es una incógnita. Ese devenir enfermizo que plantea la película es tal vez su mayor debilidad argumentalmente hablando, dado que lo plantea como una situación que no tiene una salida. El producto final queda como algo inacabado, extenso y reiterativo, subrayado con un final abierto que incluso hasta puede llegar a desconcertar al espectador.

viernes, 23 de marzo de 2018

MÁS FUERTE QUE EL DESTINO (STRONGER) de David Gordon Green



EL TRIUNFO DE LA VOLUNTAD

Desarrollada como una típica historia de superación personal, narra la historia de Jeff Bauman, un empleado de una casa de comidas en una barrio periférico de Boston que es gravemente herido durante un acto terrorista perpetrado durante la Maratón de Boston, Estados Unidos, en el Día de los Patriotas, el 15 de abril de 2013. Con un muy buen guión de John Pollono basado en el propio libro de Jeff Bauman, y dirigido con prolijidad por David Gordon Green, el film enfatiza en algunos aspectos dignos de destacar.

LO POSITIVO
Lo primero en destacar es el orden de las operaciones de rescate en medio del caos que origina el estallido de las bombas en el mismo momento de la llegada a la meta de los maratonistas. Ello genera que más allá de los inevitables daños físicos, sobre todo humanos, los operativos de rescate se realizaron con velocidad y eficiencia.

Al herido siempre le hacen comprender su enfermedad o la complejidad de sus heridas y que en ese lugar, recibirá la atención médica que necesita. La esperanza de vida se privilegia sobre toda otra cuestión porque ello implica que hay un futuro en la vida del paciente.  Dado que el mismo mantiene su estado de conciencia, nunca se le oculta lo ocurrido. Pero siempre se lo acompaña, y sobre todo, se le da esperanzas. Los médicos siempre se muestran participativos, entendiendo al enfermo y poniéndose a su servicio.
El Estado aparentemente está ausente, pero no es así. La existencia de una red de leyes sociales que se cumplen, da lugar a la existencia de seguros de vida y atención medica que resultan claves en la atención recibida. La idoneidad de los profesionales actuantes esta fuera de toda discusión. Aquí nadie reclama ni culpa al Estado de lo ocurrido. Los hechos terroristas son por definición crímenes federales. De eso se ocupará el FBI y su resolución no durará más de una semana. Lo que sigue es un tema de la justicia. En toda la película se percibe un ambiente constructivo.

LO NEGATIVO
En retribución de todo lo recibido, el Estado de la ciudad, intenta convertir a Bauman en un símbolo de la resistencia a la sinrazón del atentado. Su sobrevivencia lo convierte en héroe, y como tal, se lo invita (obliga) a asistir y exhibirse al principio de los partidos en el estadio de los Red Socks, el equipo local de béisbol. El Estado le pide colaboración con la intención solapada de mantener un ideal, el del patriotismo intacto más allá del daño colectivo que el atentado pudo haber provocado. Este acto, bajo el formato de un show deportivo absolutamente superfluo y vano, en principio parece una sobreactuación del Estado utilizando a un ciudadano lisiado con el propósito de mantener la cohesión social y la moral colectiva alta.

Por otra parte, la vida que lleva Bauman es la de un muchacho de clase baja americana, perteneciente a una familia disfuncional, donde sus padres están divorciados pero que ante los hechos ocurridos no dejan de estar presente. No obstante ello, la posición de los padres, especialmente de la madre, es la de querer aprovecha la celebridad que les genera el momento. Los famosos 10 minutos de gloria. El momento donde la madre le comunica que ha logrado una entrevista con Oprah Winfrey y Bauman se opone terminantemente es absolutamente patético. Es la debilidad de la madre ante un rapto de celebridad que no repara en el respeto a la intimidad que requiere su hijo.

Esta posición es totalmente contrapuesta a la que asume Erín, la ex novia de Bauman, quien retoma su noviazgo, le brinda todo su apoyo, se va a vivir con él en el pequeño departamento que habita con su madre, y vuelca todo su amor en tratar de ayudarlo a vivir una vida normal acompañandolo a partir de la anormalidad que ha provocado el hecho terrorista.

Otro hecho remarcable es que el pequeño departamento de dos plantas unidas por una escalera de madera en que viven es absolutamente inadecuado para el tipo de dificultad que el atentado produce sobre su cuerpo. Nadie, ni el Estado ni cualquier otra organización de asistencia social, aparecen en la casa de Bauman determinando que ese lugar donde vive es inconveniente para la discapacidad que padece.

LO IMPORTANTE
El resto de la película se concentra en la recuperación física y psicológica de Bauman (un convincente Jake Gillenhall). Un proceso que llevó como mínimo 6 meses, en los que mucho tuvo que ver Erín Hurley (magníficamente interpretada por Tatiana Maslany), la novia de Bauman con su aporte tanto físico como moral.

La sociedad americana, la bostoniana en particular, ha querido representar la vida, o mejor dicho, la sobrevida de Jeff Bauman como el triunfo del pacifismo sobre el terrorismo.  Pero el precio pagado ha sido muy alto, mucho más alto que lo que la sociedad estima. Bauman recuperó su estado de conciencia luego de dos operaciones donde perdió definitivamente las dos piernas con sus respectivos pies, haciéndosele quirúrgicamente los muñones necesarios para poder colocar las extremidades ortopédicas.

El atentado dejó un saldo de 3 muertos y 170 heridos. Se desconoce si la responsabilidad del ataque perpetrado fue obra de un par de individuos o de una organización, o si los mismos son de carácter nacional o internacional.  Debe quedar claro que toda vez que se atacan blancos civiles el atentado constituye un acto terrorista. Cabe reflexionar sobre los responsables del ataque. Ambos eran de origen checheno, debidamente nacionalizados en los Estados Unidos. Uno de ellos murió en el atentado. El otro fue condenado a muerte por las autoridades judiciales del estado de Massachusetts. La sentencia no se ha llevado a cabo. Nunca se encontraron vinculaciones entre ellos y la causa chechena.

En cuanto a la película, estamos ante un film honesto, con un mensaje positivo sobre la fuerza de voluntad de un individuo. En síntesis, un film que interesa, entretiene con un buen argumento y una narración cristalina que cumple con las expectativas despertadas ante su estreno.

domingo, 18 de marzo de 2018

EN PEDAZOS de Fatih Akin


JUSTICIA POR MANO PROPIA

Fatih Akin, director alemán, conocido en Argentina en 2002, año en que se estrenó en nuestros cines su película Contra la Pared, previamente galardonada en el Festival Internacional de Berlín, es un director algo resistido al que se lo acusa de demagógico por expresar enfáticamente y explícitamente sus ideas en favor de los emigrantes. Nacido en Alemania, descendiente de una familia turca, su cine ha estado siempre a favor de las minorías raciales.

Ahora regresa con otra película galardonada el año pasado en el Festival deCannes haciéndose acreedora al premio a la mejor actriz para su protagonista principal, la alemana de vasta trayectoria en el cine americano, Diane Kruger, quien interpreta a una mujer que pierde a su marido y a su hijo en un atentado terrorista.

La película narra con minuciosidad, primero el atentado, luego el duelo de Katia (la protagonista total de la historia), más tarde la investigación y posterior juicio que se lleva adelante en los juzgados federales con la intención de esclarecer el atentado y encontrar a los culpables, convirtiéndose primero en un film de carácter intimista para transformarse luego, en una película de juicio, llevada por las convenciones del film de acción y suspenso.

Tal como en la recientemente vista Tres Anuncios Para Un Crimen de Martin Mc Donaugh, Akin se hace participe con su coguionista Hark Bomm de poner en tela de juicio el garantismo judicial. ¿Pero qué es el Garantismo? Es la idea que el acusado debe tener derecho a un juicio justo, a no ser torturado, a que las pruebas en su contra sean claras y contundes respecto de su culpabilidad. Pero es también una garantía que a los ciudadanos comunes les hace pensar que el delincuente tiene más derechos asegurados que las víctimas.  Y lleva a preguntarse si acaso la Justicia no satisface mi necesidad de justicia, ¿debo hacer justicia por mano propia?

Esta cuestión levantada por ambas películas es muy interesante. Por un lado, las personas que se convierten en delincuentes lo son porque han violado la ley. Pero son los jueces los que tienen la responsabilidad y la obligación de dictar su sentencia en términos de lo que dice la ley y en el convencimiento propio de que las pruebas presentadas tanto por el acusador como por la defensa deben ser absolutamente convincentes de la inocencia o la culpabilidad del acusado. En esos términos debe estar planteado el juicio. Las pruebas deben ser contundentes para demostrar la culpabilidad.

En Tres Anuncios… se pone en tela de juicio el proceder policial. La protagonista acusa a la policía de no investigar lo suficiente. En la película de Akin se pone en discusión el fallo de los jueces. Las pruebas existentes que parecen contundentes no lo son a la luz de los jueces porque dejan un margen de duda. Esta cuestión parece poner en tela de juicio el garantismo. Antes solíamos decir: Dura es la Ley, pero es La Ley. Ahora el garantismo parece llenar esa ley de humanismo. Entonces nos preguntamos por qué un asesino o un terrorista deben ser tratados humanamente toda vez que sus actos desprecian al propio ser humano.

La sagacidad de Akin consiste en manejar el punto de vista del espectador a la par de la protagonista. O sea, lo convierte en testigo. Lo involucra. El espectador comparte el conocimiento de Katia. La acompaña en su demanda de justicia. Podría ser un testigo imparcial que no es llamado a declarar, y ratificar desde otro punto de vista (el de la cámara), cuál es su visión de los hechos.

Obviamente, el espectador de la película de Akin tiene todos los elementos para juzgar a los terroristas. Pero no participa del juicio. Ha visto los hechos, reconocido a los actores. Como espectador ha tomado una decisión que es obvia. Pero la rebeldía del director, y su coguionista, deciden contradecir lo obvio y dar un giro inesperado a la película. Es aquí donde aparece el garantismo.

Tal vez “En Pedazos” no sea la mejor película de Akin, pero sin lugar a dudas es un film bien estructurado, entretenido, atrapante, que genera una empatía natural con el personaje, que además cuenta con una actuación descollante de Diane Kruger (protagonista de The Bridge en Netflix), que provoca al espectador, incluso con un par de golpes bajos, pero que logra meterlo e involucrarlo en lo que está contando. A pesar de su tema, es un film más físico que intelectual. El espectador siente lo que su protagonista experimenta. Estamos ante un gran drama de nuestros tiempos: las consecuencias de la inmigración no deseada. Akin se pasa de la raya, pero… el espectador sale ganando.

viernes, 16 de marzo de 2018

EL HILO FANTASMA de Paul Thomas Anderson



SOBRE EL PASO DEL TIEMPO Y LOS CAMBIOS

El film es la historia sobre un modisto inglés, a mediados de los 50, cuyo argumento puede ser analizado desde diferentes ángulos que abarcan tanto lo social como político, e incluso lo psicológico.

En primer término se trata de una delicada reflexión sobre el arte y la soledad del artista. De cómo la moda marca una época, y de cómo un hombre es capaz de transformar el gusto de la gente a través del arte. Pero también hay algo más tangible, más concreto. Estamos ante un análisis de la evolución política y social inglesa, sus grandes cambios en un momento dado de la historia, aquellos que transcurren ente fines de los 40 y principios de los 50.

Se trata de la descripción de un hombre solitario, un tal Reynolds Woodcock, interpretado por Daniel Day Lewis, que vive con su hermana Cyril (Leslie Manville), encerrado en una casa taller de un barrio de Londres donde pasa la mayor parte de su vida diseñando y realizando vestidos que hacen sentir su influencia sobre la clase alta y la realeza. Pero lo de Reynolds no es simplemente la tarea de un modisto o de un sastre. Reynolds es un artista que impone tendencias. Una especie de rey que se acerca a una deidad en el mundo de la moda.

Resulta muy interesante la idea de cómo un hombre solitario, alguien que vive en su mansión alejado del mundanal ruido, es capaz de imponer cambios en los gustos sociales a través de sus trabajo. Es que en el propio taller de Reynolds se respeta un orden jerárquico tradicional, el orden victoriano de la misma sociedad inglesa con Reynolds como cabeza visible, mientras su hermana Cyril se encarga de la confección, la administración y manutención de la clientela. Esa situación es un paralelismo del orden imperante. Reynolds es el Rey mientras que su hermana es la Primer Ministro. Dentro de esa organización, 
Reynolds opera, además, como una deidad a la que todos le rinden tributo y adoración.

Todo este orden se altera de repente cuando aparece en su vida otra mujer, Alma (Vicky Crieps), una camarera de un bar, de una condición social menor. Esa muchacha de clase baja de la cual Reynolds se enamora idílicamente es el pueblo. Con ella mantendrá una relación muy particular. La llevará a vivir a su casa e incluso le dará diversas tareas dentro del taller de costura. Pero habitarán en cuartos separados y Alma disputará con Cyril el control de la casa y del negocio. Es el momento en que el laborismo ingles derrota a Churchill, y los paralelismos observan que Inglaterra pierde su supremacía en el mundo y los Estados Unidos se convierten en la nueva gran potencia.

Consecuencia de ello, todo aquel orden comienza a resquebrajarse paulatinamente. Tal vez, el inició de ello haya sido la muerte de la propia madre de Reynolds, una reina madre (acaso la Reina Victoria cuyo reinado dejó huellas suficientes para generar una era). Es que la madre de Reynolds, su recuerdo, es como un tótem, un ser omnipresente cuyos atributos no son otros que los de la sabiduría y el amor infinito. La relación entre madre e hijo ha ido más allá de las convenciones sociales, tomando rasgos religiosos. Se ha transformado en la de un creyente y su deidad. Ahora todo está comenzando a cambiar. Y esa presión del cambio es la a raíz por la cual Reynolds, finalmente, acepta casarse con Alma. Esto provocará más que una unión, modificaciones en la estructura y cambios inexorables en su vida que coinciden con los cambios sociales que se observan en la propia sociedad inglesa.

La vida hogareña de Reynolds comenzará a imponerse sobre su vida profesional. El éxito profesional comenzará a serle esquivo. Sufrirá perdida de clientela que buscara a los nuevos diseñadores y las nuevas tendencias. Es el comienzo del derrumbe del orden victoriano a mediados de los 50. La aparición de nuevas costumbres, los cambios en la música, la aparición de la minifalda, el desacartonamiento de la enseñanza, la perdida de rigidez y la permeabilidad en las condiciones sociales.

Esta es la segunda colaboración de Daniel Day Lewis en una película de Paul Thomas Anderson. Anteriormente, había estado en Petróleo Sangriento, trabajo que le valió un Oscar en el año 2007. Decir que Lewis es uno de los mejores actores de su generación es redundante. Lo cierto es que a partir de su creación de Reynolds la película cobra vida y genera interés, y sin lugar a dudas, es otra de sus grandes actuaciones.

Anderson es un guionista y director experimentado, uno de los pocos que puede ser llamado autor en el cine americano. Su primer film estrenado en Argentina es Boogie Nights que data de 1997. A lo largo de estos años estrenó sólo seis trabajos más incluidos el presente estreno: Magnolia, Embriagado de Amor, Petróleo Sangriento, The Master, y Puro Vicio. Su cine péndula entre el relato colectivo y el retrato individual. En los últimos años, su obra se ha ocupado de un personaje principal alrededor del cual se desarrollan todos los acontecimientos. En ese aspecto, la elección de Daniel Day Lewis y su notable actuación es clave en el éxito de la película.

El Hilo Fantasma es aquel que marca el curso de los acontecimientos. El que nadie lo ve, pero que está detrás de los grandes cambios. En la película, siempre, por más insignificante que sea, está ocurriendo algo. La historia no se detiene como no se detiene nuestro mundo que gira en forma permanente. El tiempo pasa, marca momentos en la vida, el hombre envejece, y después, inexorablemente, muere. Todo pasa, algunas cosas quedan, pero el cambio es permanente. Un comentario final para la música de la película. Se trata de una gran banda de sonido que subraya toda la película sin molestar. En una de las escenas del principio encontramos a My Foolish Heart y My Ship por Oscar Peterson, acompañado por la orquesta de Nelson Riddle. Dos joyas del jazz moderno.

domingo, 11 de marzo de 2018

YO, TONYA de Craig Gillespie


LA OTRA CARA DEL SUEÑO AMERICANO


Esta película de Craig Gillespie (Horas Contadas, 2016) está basada en la vida real de Tonya Harding, una patinadora sobre hielo que llegó a representar dos veces a los Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Invierno y en el Campeonato Mundial de Patín Artístico. En 1991 logró concretar una proeza: realizó un triple Axel (un giro en el aire de tres revoluciones y media) que repitió tanto en el Campeonato de Estado Unidos como en el Campeonato Mundial., aunque, no logró vencer en esta última competencia.

El film, con un humor lleno de sarcasmo, aborda la vida de Tonya, una vida que es la otra cara del sueño americano. Cuarta hija del quinto casamiento de su madre, creció calzada sobre un par de patines para realizar el sueño personal de su madre. Es la historia de una persona criada bajo los mandatos autoritarios de una madre imposible de imaginar que habita en los márgenes mismos de una sociedad sedienta de éxito a principios de los 70. Lejos del realismo, el film adopta un estilo farsesco que narra la vida de pesadilla de Tonya, epicentro de relaciones enfermas que se desarrollan desde su infancia hasta su adultez. Dichas relaciones comienzan con la crueldad de su madre y se continúan en su vida marital. En consecuencia, la frustración y la falta de autoestima se transforman en moneda corriente en su vida.

Con un tono de sátira (que por momentos se transforma en farsa) de principio a fin que Gillespie no abandona, el film recorre desde la niñez de Tonya hasta aquellos días finales en que por causas policiales debe abandonar la competencia. La vida de Tonya es el recorrido de alguien criado dentro de un esquema de absoluta rigidez que, cuando crece y llega a la adultez, es incapaz de manejarse sola dentro de las convencionalidades sociales.
Madre e hija representan una relación de amo-esclavo que cuando Tonya contrae matrimonio, lejos de liberarse, se profundizan en la pretendida unión matrimonial con su marido. Esa relación de esclavitud le signa su vida y le impide ser libre, tomar sus propias decisiones, y lo que es peor, ser ella misma en las competencias al tal punto de bloquearla no dejarla expresarse libremente sobre sus patines.

Gillespie maneja con gran soltura el estupendo guión que le sirve Steven Roger (Love The Coopeers, 2015; Postdata, Te Quiero, 2007). Su mirada sobre Tonya es irónica, ciertamente impiadosa, pero a su vez la pinta como un ser humano condicionado por una madre castradora, un padre ausente, una situación social de pobreza extrema, una  educación insuficiente que no le ha dado siquiera la libertad para discernir con claridad entre el bien y el mal, entre lo conveniente y lo inconveniente. De hecho, Tonya abandonó sus estudios en el 4to año del secundario.

Tonya tiene un sueño que la motoriza pero en realidad es incapaz de llevarlo a cabo. Equivoca la mayoría de las acciones necesarias para alcanzarlo. La única persona capaz de ejercer una influencia positiva sobre ella es su entrenadora Diane Rawlinson, magníficamente interpretada por Juliana Nicholson, pero Tonya vive en una vorágine en la que se mezcla juventud, falta de experiencia, ignorancia de vida, un marco social no exento de violencia que le impide no solo llevar una vida disciplinada sino también, concretar aquellos sueños.

Margot Robbie luce en su papel de la patinadora logrando que el resplandor de la luz de las pistas de patinaje sobre hielo no encandile la vida real, y rebele la precaria y solitaria vida de Tonya, una persona incapaz de discernir moralmente, siempre llevada de las narices por alguien negativo de su entorno (alternativamente su madre y su marido).

Allison Janey como LaVona, retrata con toda exactitud a una madre posesiva que anula la personalidad de su hija transformándola en una marioneta lastimosa incapaz de alcanzar su sueño por su falta de autoestima, de seguridad en sí misma. Cabe agregar que Allison Janey, por la interpretación de este papel, se hizo acreedora a la Mejor Actriz de Reparto en la reciente entrega de los premios Oscar.

Más allá de la sátira, estamos ante una gran película que, socialmente, muestra la otra cara del sueño americano, aquel construido después de la gran depresión y que parece haberse hecho realidad en los años 50 cuando los Estados Unidos salen victoriosos de la segunda guerra mundial. Los personajes de Yo, Tonya están lejos de ser partícipes de aquel sueño en los 80, y en los 90, años en los que transcurre la acción del film, donde comienzan a sentir que la persecución de aquel sueño se ha vuelto una quimera imposible de alcanzar. Para muchos, como consecuencia de sus propias limitaciones, para otros por una mala interpretación de la realidad, para la mayoría porque el famoso sueño tal vez nunca les perteneció.