lunes, 20 de enero de 2020

EL ROBO DEL SIGLO de Ariel Winograd


EL QUE ROBA A UN LADRÓN…

A principios de los años 60 comencé a ver cine. Durante esos años el cine comenzó a cambiar mucho. En los 40 había aparecido el color, aunque su uso se masifica en los 50. En los sesenta, aparecen las vanguardias que intentan cambiar la forma de contar. También aparece la comedia a la italiana que no solo destaca en el registro costumbrista, sino también incursiona por los géneros, particularmente el spaguetti western, el giallo, y las películas de robos.

Dentro de este último género, los italianos hicieron un par de obras maestras. Los 7 Hombres de Oro de Marco Vicario (1965), con Philippe Leroy y Rossana Podestá fue una de ellas, Operación San Genaro, de Dino Risi, fue otra dentro de un estilo farsesco. Un Golpe a la Italiana, del inglés Peter Collinson (1969), con Michael Caine, fue filmada y transcurría en Italia con mucho gusto a lo italiano, cerrando una trilogía inolvidable. La influencia de ese cine llega hasta nuestros días, y sin lugar a dudas anima en el alma de El Robo del Siglo, está buena comedia de suspenso de Ariel Winograd.

La diferencia entre esta y aquellas es que los italianos trabajaron construyendo un guión ficcional.  En cambio, en la película argentina que se acaba de estrenar, la ficción es superada por la realidad. El Robo del Siglo se basa en el atraco real de las cajas de seguridad de Banco Rio en la sucursal Acassuso en el año 2006.

Con guión del propio director, muy bien sintetizado, que se concentra fundamentalmente en la acción de lo que está relatando, dejando mucha libertad de acción a sus actores para que cada uno componga su propio personaje. Dicha libertad, paradójicamente, atenta contra la composición de cada uno de ellos, sobre todo en los dos papeles principales, Fernando Araujo (Diego Peretti), cerebro de la operación, y Luis Vittete Sellanes (Guillermo Francella), el financista de la misma. Peretti y Francella son dos actores con fuerte personalidad a los que se encasilla normalmente en la televisión y parecen estar limitados a componer a sus respectivos personajes en la película a lo que hacen habitualmente en aquel otro medio.

El film puede dividirse en tres partes. La organización de la operación, el robo en sí mismo, y la detención de los criminales. La primera parte es la que permite el mayor vuelo. Si bien se maneja con clisés propios del género, presenta a los personajes, y describe con lujo de detalles la personalidad de los dos ladrones principales, humanizándolos y tratando de sacarlos de la maqueta.

La segunda parte del film desarrolla el robo y reproduce prácticamente lo que los artículos periodísticos relataron en las páginas policiales después de lo ocurrido. La parte más interesante del guión está relacionada con la aparición de un clásico negociador policial (Luis Luque) que busca lograr la libertad de los rehenes. Aquí la trama desarrolla la típica forma del gato y el pícaro ratón, colocando inteligentemente al público del lado de los rehenes haciendo que lo ya conocido forme parte de una escena que logra generar una escena podría llegar a ser antológica de nuestro cine.

El final es lo más flojo de la película, no por conocido, sino por la simpleza de la resolución cinematográfica. Todo lo bueno del guión como de la estructura cinematográfica se cae abruptamente sin ninguna clase de sustento. Los ladrones son atrapados uno por uno con la misma facilidad con la que se hubieran entregado. Esto desperdicia una película que dura casi dos horas haciendo sobrar 30 minutos finales que no aportan nada a lo ya conocido. En este tramo, impera una chatura cinematográfica impropia del film hasta ese momento, y que hace perder relevancia al buen trabajo del director.

En síntesis, El Robo del Siglo es un buen pasatiempo, con algunos pasajes cinematográficamente brillantes, pero hacia el final, se cae irremediablemente dado que la realidad de los hechos supera toda fantasía. No obstante ello, es una película entretenida, que deja verse, lo cual, dentro del panorama actual del cine argentino, no es poco.

sábado, 18 de enero de 2020

JOJO RABBIT de Taika Waititi


UNA OBRA CONCEPTUALMENTE DIFERENTE


Taika Waititi es un actor, guionista y director de cine neozelandés, hijo de padre maorí y madre irlandesa de ascendencia judía.  Debutó como cortometrajista en 2002 con John y Pogo, y en 2007 llego a su primer largometraje (Eagle vs. Shark), contando la historia de dos inadaptados sociales que intentan encontrar el amor. Taika Waititi es considerado una personalidad cinematográfica multifacética, teniendo su cine características originales e innovadoras.

Jojo Rabbit es su quinto y más exitoso largometraje. Además, es un film que no puede pasar inadvertido. Se trata de una obra irreverente, desprejuiciada, que desafía y provoca, y en algunos tramos, hasta descoloca al espectador.

La película no es una simple farsa más sobre el nazismo. Además, Waititi no pretende que su obra pase inadvertida. Su film intenta mostrar una visión del nazismo desde los ojos de un niño alemán de 8 años. Este niño ya ha perdido a su padre en la guerra. Su madre pertenece a la resistencia, y él intenta formar parte de las juventudes hitlerianas pero es expulsado por inepto.

Su capacidad de supervivencia pareciera estar relacionada con su propia manera de escapar de una realidad que está regida por la tragedia.https://ssl.gstatic.com/ui/v1/icons/mail/images/cleardot.gif Su refugio será el propio departamento de su madre donde, además, encontrará escondida en un closet debajo de una escalera a una niña judía que lo dobla en edad. Ella será el vehículo indicado para que el niño tome contacto con la más cruel realidad.

Jojo vive en un mundo propio que crea como una autodefensa que lo protege de lo que lo rodea, es decir, la guerra en general y la persecución de judíos en particular. Vive en una especie de limbo que oscila entre la realidad y la fantasía tratando de absorber ese mundo desquiciado que es la caída de la Alemania Nazi derrotada por los ejércitos aliados que ya están al acecho sobre los límites de la ciudad tratando de tomar Berlín. Las últimas escaramuzas de una guerra despiadada.

En ese mundo imaginario crea una amistad con el mismísimo Hitler, al que invoca en diferentes ocasiones buscando en él un apoyo que, obviamente, nunca encuentra. Por el contrario, cada paso que da, lo acerca cada vez más a la realidad, y en consecuencia, a la verdad. Su primer choque será en un campamento infantil donde su incapacidad competitiva queda reflejada y es burlada en el desarrollo de destrezas infantiles, ente las cuales está la quema de libros.

Waititi maneja esta ida y vuelta entre realidad y fantasía infantil de manera despiadada, no solo dejando sin aliento a propia capacidad de escapismo de su personaje sino también al espectador. Su film es diferente a la mayoría del cine cómico que estamos acostumbrados a ver. De hecho, su visión nos retrotrae muchos años atrás, recordando a El Gran Dictador de Charles Chaplin, o a los años 70 con las primeras películas cómicas de Woody Allen (Bananas), o incluso alguna obra de Mel Brooks. Pero ninguna de aquellas viejas películas se aproxima mínimamente al desparpajo, a la crudeza, a la falta de piedad hacia su personaje que destila esta obra del director neozelandés que deja al espectador al borde del desconcierto.

Esta película es mi primer contacto con el cine de Waititi. No obstante ello, no puedo dejar de reconocer la originalidad y el atrevimiento de su propuesta. Su cine está repleto de apuestas innovadoras, tanto desde lo estético como de lo conceptual. Su cine toma riesgos en ambas dimensiones. Se trata de un director innovador que al revisar su filmografía hasta el momento, demuestra una enorme capacidad para manejarse tanto dentro de los géneros como fuera de ellos, con un estilo propio, muy personal, como hace mucho tiempo que no se veía.

lunes, 13 de enero de 2020

EL ACOSO de Michal Aviad

CRONICA DE UNA MUJER QUE TRABAJA

El cine israelí esta pasado un muy buen momento. Sus películas no solo están muy bien hechas sino también reflejan los problemas de una sociedad moderna más allá de los conflictos de carácter bélico que la afectan.

El Acoso, la nueva película de Aviad, un director con una larga trayectoria en el documental pero con un solo trabajo de ficción en su haber (Lo Roim Alais, 2011, no vista en nuestro país), se concentra en un tema de actualidad como lo es el acoso femenino.

Orna, el personaje principal del film, es una mujer felizmente casada con dos hijos pequeños que vive en Tel Aviv. Ella necesita trabajar para ayudar a su marido que acaba de inaugurar un restaurante de comidas rápidas en el centro de la ciudad, y ha contraído una deuda importante. Su búsqueda se resuelve rápidamente cuando consigue un trabajo en una empresa constructora de departamentos de alto nivel donde se destaca como hábil vendedora, llamando la atención del patrón de la empresa.

Aviad sigue minuciosamente el derrotero de Orna por su nuevo trabajo. Muestra su proceso de adaptación, su aprendizaje de ventas, como gana confianza en sí misma, a la vez que desarrolla una relación de gran camaradería con su jefe que además es el dueño de la empresa. Su desempeño se vuelve muy exitoso. Ello despierta en su jefe un interés particular sobre ella que rápidamente se transforma en un deseo de tipo sexual que termina en acoso.

El film es directo, preciso y concreto transformándose en una crónica minuciosa de hechos que el director muestra con austeridad y economía de recursos pero de gran efectividad. Por lo tanto, su film no pierde tiempo en lateralidades ni se distrae de su discurso, el cual llega con claridad y contundencia al espectador.

Esta no es la historia de un alegato. Aviad no acusa ni juzga. Le habla al espectador en forma directa. De esta manera, le permite tomar distancia de los hechos, analizarlos y dejar que el espectador saque sus propias conclusiones, las que no necesariamente implican un juzgamiento.

El director logra una generalización de esos hechos donde los partícipes necesarios, en este caso un hombre y una mujer, el empresario y la vendedora de departamentos, pueden transformarse en parte de otro hecho (el acoso) que puede o no, conformar un delito. El director expone objetivamente esos hechos. En todo caso, si hay un veredicto, será el espectador el encargado de dictarlo.

El final, inteligentemente, alude muy sutilmente a que frecuentemente estos hechos aberrantes no llegan a la justicia por temor de la mujer a exponer tanto su privacidad como su honradez, dado que un juicio transforma en público un hecho que puede permanecer en la esfera de lo privado. Más allá de la justicia, y con un sentido de amplitud y a la vez de síntesis, nos induce a pensar que ciertos asuntos de conciencia deben permitir que el perpetrador sea juzgado por su familia o se juzgue a sí mismo.


La condena publica de los hechos narrados, más allá de la justicia, puede terminar estigmatizando a la mujer. Entiendo que la posición final de Aviad, prefiere mantener a sus criaturas en un ámbito de privacidad que tiende a proteger la honorabilidad de la mujer.

jueves, 9 de enero de 2020

21 PUENTES de Brian Kirk


NUEVA YORK SIN SALIDA

Este film puede parecer fuera de época (hoy no se hacen muchos filmes que puedan enrolarse dentro de la categoría del “policial negro”, incluso no carece de convencionalismos, no obstante ello, es un film que atrapa de principio a fin aunque parezca predecible e incluso, carezca de grandes estrellas en su casting.

Lo que este film tiene es entretenimiento en estado puro. Y su argumento atrapa al espectador pese a su simpleza o previsibilidad. Todos los rubros están perfectamente atendidos. Su guión es consistente y prolijamente desarrollado, lo que se dice bien escrito, bien musicalizado, mejor fotografiado y por sobre todas las cosas, muy bien dirigido por un director que desde el comienzo sabe que pretende hacer con el material que va a narrar.

Comienza con una escena donde nuestro héroe principal, Andre Davis, magníficamente interpretado por Chadwick Boseman (Black Panther), es suspendido por la policía por una causa relacionada con gatillo fácil. De hecho, Boseman lleva 7 muertes en su haber. Pero dado la falta de personal durante la noche y ante un robo que se ha perpetrado en Brooklyn donde han muerto un par de policías, es vuelto al servicio para que se haga cargo de loa investigación de los hechos.

El film trata de un robo con sabor a traición. Como es habitual en el policial negro, la policía es parte del asunto. La trama comienza en la medianoche en las inmediaciones de un bar en Brooklyn. El bar ya ha cerrado y lo primero que el espectador se pregunta es que buscan esos dos tipos en un lugar tan alejado. La respuesta llega de inmediato. Allí funciona un puesto de distribución de cocaína.
Los dos ladrones que entran a robar nunca pensaron que la cantidad de droga que iban a encontrar allí respondía a un lugar de distribución mayorista. Ellos, simplemente, pretendían cobrarse una vieja deuda. Lo raro es que el lugar se encuentra cerrado y sin custodia. Pero antes que logren llevarse un gramo, la policía llega al lugar. La balacera que se arma parece una guerra. Los héroes logran escapara camino a Manhattan. 

Esta escena inicial se lleva como 20 minutos de película que, para los amantes del cine de acción, no tienen desperdicio. El guión posee una trama principal con un par de derivaciones que es tratada con solvencia por el director Kirk, pero su lucimiento personal está logrado en la ambientación pesada de la noche neoyorquina, la situación de encierro que genera la Gran Manzana en las inmediaciones de Hell Kitchen, y por sobre todas las cosas, su claridad narrativa y la contundencia de sus escenas.
No hay duda que dentro de su clasicismo, el film encuentra una forma narrativa que hace que Kirk parezca un director de cine muy experimentado aunque la mayor parte de su trabajo haya sido hecho para la televisión. No obstante, lo destacable, es la sequedad con que encara la mezcla de suspenso y violencia que se alternan sucesivamente a lo largo del film, atrapando y soltando al espectador en cada vuelta de tuerca que presenta el argumento.

El titulo original es 21 puentes y representa el total de conexiones de la Gran Manzana (Manhattan) con el resto de las localidades que componen la ciudad de Nueva York (Brooklyn, Queens, Bronx y Long Island). Esos puentes son cerrados para evitar cualquier oportunidad de escape de los sospechosos. Desde un punto de vista cinematográfico, el cierre de los pasos concentra la acción íntegramente en la gran manzana, dando al escenario de la acción un marco de lujosa majestuosidad para una película que entretiene y cumple con su cometido.

martes, 7 de enero de 2020

EL CASO DE RICHARD JEWELL de Clint Eastwood


LA MENTIRA COMO VERDAD

Corre la década del`50. Un hombre joven que trabaja como gasista aprovecha una oportunidad y se transforma en actor que se torna conocido a través de una serie de televisión sobre el Lejano Oeste (Rawhigh) a mediados de los años ´60. Más tarde decide probar suerte en Europa y de la mano del italiano Sergio Leone es lanzado a la fama en uno de aquellos filmes que se dieron en llamar genéricamente westerns spaghetti. El film en cuestión era Por un Puñado de Dólares, 1964, que se volvió un éxito descomunal que generó secuelas y recorrió el mundo. El joven actor regresó a los Estados Unidos y durante la década del 60 se volvió una estrella de cine muy popular y además, como no carecía de ambiciones, comenzó a dirigir sus propios films. De a poco ganó prestigio y hoy en día es uno de los directores más famosos y personales de la historia del cine americano.

Estamos hablando de Clint Eastwood, un cineasta que como director ha ido evolucionando tanto temática como estéticamente. Su cine ha crecido paso a paso. La película que nos ocupa da cuenta de ello. Esta semana se ha estrenado su último film: El Caso de Richard Jewell, una obra basada en eventos reales que permite a su director reflexionar sobre el papel de la Justicia, las Fuerzas de Seguridad y el Periodismo en la creación de un relato ficticio que se interpone entre la verdad y la necesidad del propio Estado dejando de lado la realidad y la seguridad del individuo, dando lugar a una irresponsabilidad institucional de características monstruosas.

Richard Jewell fue un joven estadounidense que trabajó como guardia de seguridad y oficial de policía. Su caso se volvió famoso durante los Juegos Olímpicos de Verano en Atlanta, Georgia, Estados Unidos en 1996, donde descubrió una mochila abandonada en el parque que contenía una bomba con tres explosivos. Jewell, quien dió la alerta correspondiente y ayudó en la evacuación del parque antes de que explotara la bomba, fue primeramente aclamado como un héroe pero más tarde fue considerado sospechoso por parte del FBI, aunque finalmente, ante la falta de evidencias en el caso, fue liberado sin ser llevado a juicio.

Eastwood toma un prolijo guión de Billy Ray (Los Juegos del Hambre, 2012; Capitán Philips, 2013) sobre un falso culpable y lo transforma en un film intimista que describe la vida simple de un americano pueblerino, buena persona, que solo busca ser alguien en la vida y para ello sueña con ser policía. Ese es Richard Jewell, un solitario que vive con su madre, alguien incapaz de hacer daño premeditado al prójimo pero seguramente, capaz de soñar con cinco minutos de fama.

La destreza narrativa del director hace simple lo complejo transformando al film en una parábola sobre el destino de este individuo que de la noche a la mañana es tocado por la varita de la fama a la vez que resulta acusado y acosado por el FBI, apoyado por un periodismo sensacionalista que colabora en un penoso papel de malformación de la opinión pública.

El film de Eastwood se levanta contra la injusticia de la indefensión en que se encuentra el individuo ante el poder del Estado. En este caso, una actuación nefasta que le cupo al FBI generando sospechas sobre un falso culpable, y valiéndose de los medios periodísticos sensacionalistas y muy hambrientos de primicias, informando a la ciudadanía en forma equivocada ansiosos por manejar la opinión tapando los errores de investigación que estaba llevando al FBI al lugar equivocado y perdiendo toda objetividad en la comunicación de la noticia.

Esta nueva obra del director se aleja de los héroes individualistas que han caracterizado la mayor parte de su obra tanto como actor como director. Harry El Sucio, o el Bill Munny de Los Imperdonable, o incluso el Walt Kowalski de Gran Torino dan cuenta de ello. En realidad, el personaje de este film se acerca como la contracara de Butch Haynes, el personaje de Kevin Kostner en Un Mundo Perfecto. En aquel film Kostner es un criminal fugitivo, víctima de las circunstancias y las malas compañías cuyos sentimientos afloran protegiendo a un niño que ha secuestrado, dándole una oportunidad de redención.
El director maneja con maestría ese mundo lleno de claroscuros, donde nada es lo que parece ser, donde el bien y el mal se confunden y la realidad da un paso al costado dejando que el relato de los medios pase a ser la verdad que el Poder necesita mostrar ante la falta de evidencias, de pruebas concretas, haciendo que la verdad se vuelva mentira, y la mentira realidad.


El director maneja con maestría ese mundo lleno de claroscuros, donde nada es lo que parece ser, donde el bien y el mal se confunden y la realidad da un paso al costado dejando que el relato de los medios pase a ser la verdad que el Poder necesita mostrar ante la falta de evidencias, de pruebas concretas, haciendo que la verdad se vuelva mentira, y la mentira realidad. Es notable la forma en que Eastwood maneja el relato, yendo de la narración clásica de una sucesión de hechos dejándole siempre al espectador una posibilidad de reflexión. Esa capacidad narrativa le permite a Eastwood dejarnos siempre un espacio para reflexionar sobre lo que estamos viendo. Y es allí donde encontramos la clave del relato.

A pesar que Richard Jewell nunca fue acusado, la vida lo sometió a un "juicio a través de los medios", y durante mucho tiempo, aun estando libre, fue considerado el autor material del atentado y por lo tanto el culpable de las muertes provocadas por el mismo. Finalmente fue exonerado y en 2006, el gobernador Sonny Perdue le agradeció públicamente en nombre del Estado de Georgia el haber salvado la vida de muchas personas. No obstante ello, su padecer no fue indiferente. Jewell murió joven, en agosto de 2007. Tenía 44 años y sufría de una insuficiencia cardíaca provocada por complicaciones de su diabetes. Eastwood lo vuelve conocido e inolvidable colocándolo en la lista de los héroes anónimos que no solo pueblan los Estados Unidos de América sino también el mundo.

sábado, 28 de diciembre de 2019

MIS 12 MEJORES PELICULAS DEL 2019



  1. JOCKER de Todd Philips. Joker es una de las mejores películas americanas que he visto en los últimos años. Partiendo de un personaje conocido por todos, Philips pone en escena toda una tragedia de nuestra época. La falta de trabajo, las relaciones amorosas inestables, la falta de sensibilidad social de los poderosos, la violencia callejera, la marginalidad de los seres diferentes, la soledad que se sufre en las grandes ciudades, la falta de respeto hacia el otro.
  2. EL IRLANDES de Martín Scorsese. El Irlandés no es una película más en la vasta filmografía de Martin Scorsese.  Es una obra de madurez que deberá ser colocada entre las grandes obras maestras de la historia del cine.
  3. LA MULA de Clint Eastwood. Parábola sobre la precariedad del trabajo, el film se transforma en la descripción del ocaso de una vida laboral. No obstante ello, la visión optimista de Eastwood, nos deja un gusto agridulce. Su personaje es un hombre sufrido, un luchador que cree en sí mismo, se adapta a los cambios, y sigue adelante aunque la sociedad lo margine, lo juzgue, lo culpe y no entienda que este hombre es uno de aquellos que no solo se ha hecho a sí mismo sino también es producto de las circunstancias que ha vivido.
  4. SOMOS UNA FAMILIA de Hirokazu Kore Eda. Estamos ante un film básicamente visual, una obra de madurez que debe ser reflexionada dentro de un contexto particular, el Japón, pero que alcanza niveles universales dado que los problemas sociales que presentan están presentes hoy en día en la mayor parte del mundo, donde el trabajo humano escasea y aquellos que no han recibido la debida educación o que deben vivir en los márgenes de la ciudades tienen enormes problemas de subsistencia dado que su marginación los arrastra a los bolsones estructurales de pobreza.
  5. SOLO UNA MUJER de Sherry Hormann. Un docudrama que se arriesga a mostrar el choque entre los valores humanistas occidentales y el mantenimiento y ejercicio de valores de inmigrantes fundamentalistas musulmanes. Un alegato impresionante a favor de la libertad religiosa y a la autodeterminación del individuo. Un film valiente y sincero. Muy actual y que explica en gran medida el porqué de mucha de la violencia que el mundo está viviendo.
  6. LA DECISIÓN de Vahid Jalilvand. Es un film sobre “el hacerse cargo”, asumir la responsabilidad de los hechos, conocer la verdad, generar la justicia necesaria para que las partes encuentren la paz y el sosiego de las almas. Y también, un film que habla de nuestros propios mundos, aquellos que sostienen nuestra paz interior.
  7. AD ASTRA de James Gray. Para disfrutar de este film no solo es necesario mirar sus imágenes sino también reflexionar sobre la historia que nos cuenta. Su personaje central es Roy Mc Bride, un notable trabajo de Brad Pitt, que interpreta a una especie de cowboy espacial, un piloto de pruebas, un solitario que hace recordar al Capitán Villard de Appocalypsis. Al igual que aquel personaje recibe una orden. Su misión no será matar a un hombre sino encontrar a su propio padre, perdido presumiblemente en Marte.
  8. EL VICEPRESIDENTE de Adam Mc Key. Muy buen trabajo del McKay, que vuelve a encarar otro momento crucial en la vida de los Estados Unidos entre fines del siglo XX y los albores del siglo XXI, con un film que no solo resulta interesante sino también muy entretenido, en el cual, la sombra de una Lady Macbeth moderna se mueve casi imperceptiblemente en el gran escenario de la política americana.
  9. DOGMAN de Matteo Garrone. Dogman es una parábola sobre una sociedad salvaje. Una mirada desesperanzada sobre la animalidad del hombre moderno. Narra la historia de Marcello, un peluquero canino divorciado de su mujer con quien ha tenido una hija de unos 8 años con quien mantiene una excelente relación y comparte la pasión por el buceo. Por otra parte, tiene una relación de amistad con Simoncino, un grandote maleducado y drogón que no es bueno para nada.
  10. HISTORIA DE UN MATRIMONIO de Noah Baumbach. El guionista y director, con suma destreza y un sentido innato del humor, indaga en los sentimientos que se rompen en esa pareja haciendo aparecer sutilmente el sufrimiento que ocasiona la separación en las partes pero sobre todo al hijo. Su film termina siendo una oda a esos sentimientos encontrados, a la cosa rota que se va partiendo por dentro, generando una soledad difícil de expresar cuando en realidad las partes han buscado eso, alejarse una del otro para que cada uno pueda seguir su propio camino.
  11. VIAJE AL CUARTO DE UNA MADRE de Celia Rico Clavellino. Un film muy interesante que no solo pone énfasis en los dramas personales de sus protagonistas sino también deja entrever la dificultad hacia el futuro de los cambios laborales que se están gestando. Tanto la madre como la hija deberán salir a buscar un trabajo para seguir subsistiendo. La hija, además, posiblemente deberá emigrar para poder tener una mayor amplitud de oportunidades.
  12. LA CULPA de Gustav Moller.  Un film absolutamente intimista sobre un personaje torturado por el sentido de la culpa. Asger es un policía que arrastra un juicio por mala praxis que mientras se resuelve en los estrados judiciales lo ha degradado como policía a un puesto de atención de emergencias telefónica. Se siente subvaluado. Por eso mismo se excede en sus funciones de atención telefónica y en el caso Iben, encara la llamada como si fuera para él una última posibilidad de redención.

viernes, 20 de diciembre de 2019

LA DOLCE VITA de Federico Fellini

LA DOLCE VITA (1960)

Marcello Rubini, romano por adopción y periodista, lucha por encontrar su lugar en el mundo. Dividido entre la mundanal y elitista sociedad romana y una vida de pareja sofocante, busca cómo convertirse en un escritor serio. Es un hombre inteligente, superficial, consumido por "la dulce vida" de la riqueza, la celebridad y la autocomplacencia, de la que informa y a su vez, desea.

Marcello Mastroianni está perfecto como el periodista sensacionalista que sigue alegremente por Roma a una estrella de cine sueca (Anita Ekberg) mientras deambula por los bares de la ciudad emborrachándose. También tiene una aventura con una mujer madura (Anouk Aimee), mientras que su novia (Yvonne Furnaux) parece volverse loca. Su vida parece estar vacía, informa sobre cosas superficiales. Observa que la fama, la fortuna y las trampas del éxito no le interesan. Comienza a darse cuenta de que la estrella de cine es algo fugaz en su vida, los milagros no existen, y el horrible suicidio de su amigo (que parecía felizmente casado y con una situación económica resuelta) le muestra la fragilidad de la vida.

El protagonista se encuentra en una encrucijada. Es incapaz de ser alguien o avanzar en alguna dirección. Carece de un objetivo. Está ensimismado y proyecta ideales y sueños sobre otras personas. Pero a medida que proyecta sobre otros, se da cuenta que no conoce realmente a esas personas y ellas sólo constituyen un misterio, un pasatiempo o una decepción para él.

Fellini resume una era y una actitud haciendo una película sobre vidas vacías y sin sentido. Steiner (Alain Cuny), su único verdadero amigo, será su mayor decepción. Parece tenerlo todo, pero vive insatisfecho y perturbado. Sylvia, (Anita Ekberg) es una actriz americana, una rubia exuberante de buen carácter, que solo desea pasarla bien. Su padre (Annibale Ninchi) es un vendedor viajante, un padre siempre ausente, incapaz de haber ejercido una influencia positiva sobre él.  Magdalena (Anouk Aimée) es una aristócrata francesa incapaz de mantener un vínculo duradero con él. Lo seduce una imagen que crea de ella en su propia mente. La única relación realista que mantiene es su novia (Yvonne Furneaux), una mujer depresiva, a la que descuida e incluso, ignora.  

Marcello no sabe bien qué o quién es. Mantiene relaciones superficiales con todos los que lo rodean porque es incapaz de comprometerse con alguien o con algo. Es incapaz de asumir un compromiso porque no puede comunicarse o ver a las personas tal como son. Él sólo ve proyecciones de sus propias necesidades, aspiraciones, deseos u objetivos. Su alto nivel de autocomplacencia lo lleva al auto desprecio, impidiéndole mantener relaciones duraderas con los demás.

La historia que nos narra Fellini consta de ocho episodios, que transcurren durante una noche y terminan al amanecer. Cada personaje describe su propia crisis. Y lo único que los une en un todo coherente es el protagonista de la historia, un observador de la naturaleza humana, que solo frecuenta personas de la alta sociedad que parecen exteriormente felices y auto realizadas. Sin embargo, cuando más las conoce, descubre que esas personas están vacías, huecas, alienadas, y emocionalmente a la deriva.

La Dolce Vita es una película compleja. Mantiene el interés pese a la antipatía de algunos de sus personajes. Cuando Marcello toma contacto con cada uno de ellos, descubre la realidad, y esa realidad no lo satisface. Parecen la encarnación perfecta de su propia persona. Seres vacíos, carentes de verdaderos afectos, sin grandes objetivos en la vida porque lo han heredado todo. Esa, a su vez, es la gran diferencia que tiene con ellos. El proviene de un hogar humilde. Y es culto porque tuvo la posibilidad de estudiar. Pero ese puente entre la cultura y la riqueza le es imposible de franquear. Y lo redescubre cada mañana cuando regresa a su presunto hogar. La actuación de Mastroianni es maravillosa y consagratoria.

En última instancia, la búsqueda infructuosa de Marcello parece un dilema de tipo existencial, una búsqueda que abandonará al final, mientras mira en la playa a una encantadora joven que parece poseer el conocimiento y la comprensión que se le niega. El film nos deja, además, imágenes que se han vuelto icónicas: la estatua de Cristo volando sobre el Vaticano, Marcello besando a Ekberg en la Fontana di Trevi, la Vía Véneto abriéndose entre las venas de Roma como una decadente y barroca experiencia hacia la Villa Borghese…Un Fellini que parece pre anunciar el fin de una época, la del milagro económico de la posguerra.

miércoles, 11 de diciembre de 2019



HISTORIA DE UN MATRIMONIO de Noah Baumbach

Alguien que me sostenga
Alguien que me lastime profundo
Alguien que se siente en mi silla
Y arruine mi sueño
Y me haga dar cuenta
que estoy vivo…
De Being Alive de Stephen Sondheim
Historia de un Matrimonio es la nueva película estrenada en Netflix del excelente director neoyorkino nacido en Brooklyn en 1969, Noah Baumbach, perteneciente al movimiento de cine independiente americano.
Baumbach tiene en su haber una docena de films largos, entre documentales y ficciones, la mayoría de los cuales no fue estrenado en los cines argentinos. Solo recuerdo haber visto Historias de Familia (The Squid and the Whale, 2005) y Mientras Seamos Jóvenes, 2014. El resto se lo conoció a través de DVD y en festivales donde se ha hecho una figura popular en los últimos años, dado que su prestigio ha crecido considerablemente. Sus películas han comenzado a verse por Netflix. La crónica que nos ocupa corresponde a su último film estrenado esta semana justamente por ese medio.
Historia de un Matrimonio narra el proceso del divorcio de una pareja que tiene un hijo donde la disputa se concentra en el régimen de visitas. El film, notablemente actuado por un sobresaliente elenco donde destacan los trabajos de Adam Driver como Charlie y Scarlet Johansson como Nicole refiere a una joven pareja de artistas. Él, autor y director teatral, y ella, una talentosa actriz en busca de un papel que le dé popularidad, casados, con hijo pequeño.
La película refleja el desgaste de la pareja como consecuencia de una vida moderna llena de problemas financieros, cambios de trabajo, la propia inestabilidad de la actividad artística del matrimonio, el desarraigo común a ambos que han emigrado de adulto a tentar mejor suerte en la ciudad de Nueva York, la dificultosa crianza de un niño pequeño en un gran ciudad  los lleva a una separación obligada, dado que ella es contratada por una de las mayores cadenas de televisión para protagonizar una serie, lo cual da pie a una separación de hecho que la misma convivencia después de 6 años de matrimonio venia pre anunciando.
Baumbach concentra su film en ese proceso de separación, donde la intervención de los abogados complica y monetiza la cuestión, transformando al drama en una sátira donde los abogados estiran y complican los problemas con la mente puesta en la facturación de honorarios mientras la pareja no encuentra una solución adecuada a su desencuentro que específicamente es el régimen de visitas periódicas que el padre debe efectuar al niño.
El guionista y director, con suma destreza y un sentido innato del humor, indaga en los sentimientos que se rompen en esa pareja haciendo aparecer sutilmente el sufrimiento que ocasiona la separación en las partes pero sobre todo al hijo. Su film termina siendo una oda a esos sentimientos encontrados, a la cosa rota que se va partiendo por dentro, generando una soledad difícil de expresar cuando en realidad las partes han buscado eso, alejarse una del otro para que cada uno pueda seguir su propio camino.
En la escena final, un grupo de actores que acompañan a Charlie, realizan un after hour en un bar del west side neoyorkino. De repente un pianista sube al escenario y comienza a entonar una canción. Charlie se pone de pie, toma el micrófono y comienza a cantar con total sentimiento las estrofas de Being Alive de Stephen Sondheim del musical Company. El momento se llena de sentimientos confusos, esos mismos sentimientos que parecen gobernar la vida tumultuosa del artista, aquel que por dar a luz su propia obra, descuida su propia vida, la de sus amores y hasta la de los propios hijos. En esa escena desemboca esa especie de espíritu adolescente que los humanos siempre llevamos dentro cualquiera sea nuestra edad. El recuerdo del amor perdido. La nostalgia inunda el espacio. El film encuentra su fin.

domingo, 8 de diciembre de 2019

CONTRA LO IMPOSIBLE (FORD V FERRARI) de James Mangold


LA COMPETIVIDAD AMERICANA

James Mangold tiene en su haber una interesante carrera que no solo habla de su destreza técnica sino también de su habilidad para transitar por los diversos géneros. Prueba de ello es su filmografía: Inocencia Interrumpida (1999) es un thriller; En la Cuerda Floja (2005), un film de suspenso; El Tren de las 3:10 a Yuma (2008), la remake de un western clásico; Wolverine (2013) y Logan (2017) dos superproducciones para Marvel donde en todas ellas puede apreciarse su paso decidido a través de la denuncia social, el film de suspenso, el western, o los superhéroes. Ahora decide pasar revista al film histórico deportivo, indagando en las razones del éxito.

Inspirado en films de carreras típicos de los ´60 y ´70 como Grand Prix (1966) de John Frankenheimer y Las 24 Horas de Le Mans (1971) de Lee Katzin, o más recientemente Rush (2013) de Ron Howard sobre la rivalidad en las pistas entre James Hunt y Niki Lauda, Mangold encara un film de características clásica relacionadas con la idea de superación personal en relación con el hecho de competir. El film no está relacionado estrictamente con personas, sino más bien, con empresas. Y si bien transcurre en el mundo de los deportes, su tema tiene que ver con la instalación, el desarrollo, la permanencia y el éxito de una marca.

Así aparece la idea de la competencia. El capitalismo americano en todo su esplendor. La competitividad como eje principal del desarrollo de una economía. No se trata de destruir al otro. Se trata, simplemente, de ser mejor que el otro, y de esa manera, con mejor producto y mejor precio, ganar mercado.

Todo ello lo vemos en una confrontación que tuvo lugar en la década del 60. Parecía una especie de lucha entre David y Goliat donde David era Fiat y Goliat era Ford. La primera, una empresa italiana con productos de primer nivel. La segunda, una empresa americana, con una producción en serie. Todavía se vivían recuerdos de la última guerra mundial donde los americanos habían liberado a Italia del yugo fascista tanto alemán como del propio Benito Mussolini. Los italianos habían quedado con recelo. No habían podido liberarse solos de la ocupación alemana cunando los americanos entraron por Anzio y comenzaron a liberar a Italia del yugo nazi y después apoyando su reconstrucción con el apoyo del Plan Marshall.

20 años después de aquellos desgraciados sucesos, Italia se había recuperado y se había convertido en una pequeña potencia industrial. Su autoestima había vuelto a su lugar. El renacimiento italiano había vuelto a ocurrir.  Sus productos y marcas eran reconocidos en todo el mundo. La Fiat era una de ellas, representada por un auto pequeño y personal que permitía al trabajador tener su propio vehículo para llegar a su trabajo.

Esa misma capacidad industrial brillaba también en el campo del automóvil deportivo. La Ferrari, gobernada por su fundador don Enzo Ferrari, hacia crecer su nombre en las pistas de carrera. Las 24 horas de Le Mans en Francia iban a crear su propio mito.
Ford era el coloso americano más popular que se cansaba de vender autos en los Estados Unidos pero era incapaz de imponer su nombre en las pistas deportivas europeas. Ganar las 24 horas de Le Mans en Francia, una carrera de características místicas donde la calidad de los motores, su resistencia, imponía prestigio, era una obsesión, el verdadero sueño americano para el Sr. Ford.

Hasta 1966, Ford no había podido ganar Le Mans. La pequeña empresa italiana reinaba con sus joyas engarzadas en motores y chasis fabricados en Marianello. La película describe el trabajo realizado por Ford para desafiar la supremacía de Ferrari creando un equipo de ingenieros y diseñadores dirigidos por Carroll Shelby (Matt Damon) y el piloto británico Ken Miles (Christian Bale), quienes comienzan a construir un nuevo automóvil con el potencial suficiente para derrotar a Ferrari en la legendaria carrera francesa en 1966.
Este notable film de James Mangold relata esa primera victoria no reconocida de Ford sobre Fiat en una película que no solo evoca aquella época sino también recupera el espíritu deportivo mostrando como el mejor individualismo americano deja lugar al trabajo en equipo para poder obtener un resultado.

Con un preciso guión de los hermanos Jez y John-Hernt Butterworth y Jason Keller, Mangold construye una gran alegoría sobre la idea de competitividad americana, que resulta no solo interesante sino también muy entretenida. La capacidad narrativa de Mangold no tiene límites. Su film es un dechado de perfección narrativa logrado con un montaje vertiginoso realizado por Michael McCusker y Andrew Buckland (habituales colaboradores del director), que no para en ningún momento de las dos horas y media que dura el film transformándolo no solo en un gran entretenimiento sino también en un ejemplo de trabajo en equipo, haciendo brillar con respeto los talentos y las individualidades, facilitando los objetivos a lograr.

Contribuyen a ello las notables composiciones de Matt Damon y Christian Bale como el Team Leader y el Piloto de Pruebas respectivamente, y sobre todo el trabajo de edición del film de Michael Mc Cusker, realmente un prodigio.

EL BUEN METIROSO de Bill Condon


NADA ES LO QUE PARECE

El Buen Mentiroso me recordó vagamente a Hitchcock, más precisamente, a La Sospecha, una de las grandes cumbres del maestro. Obviamente, las similitudes terminan en ese simple recuerdo. El Buen Mentiroso no es ni un remake ni siquiera una película que pretenda homenajearlo. No obstante ello, el nuevo film de Bill Condon basado en un guión de características teatrales de Jeffrey Hatcher sobre la novela Nicholas Searle, tiene virtudes propias que principalmente se sustentan sobre las grandes actuaciones de dos intérpretes ingleses de gran jerarquía como son Helen Mirren e Ian McKellen. Sobre sus espaldas recaen la mayoría de los méritos de la película.

Se trata de un film donde prevalece el encierro, y el suspenso. Una obra, si bien de origen literario, con característica teatrales muy definidas que, bien aireada, ha sido adaptada para el cine. Desde el inicio, sabemos que las intenciones de Roy Courtnay son las de estafar a Betty Mc Leisch. No obstante ello, el film se desarrolla en círculos tales que las acciones se van derivando hacia hechos absolutamente imprevisibles por parte del espectador.

El Buen Mentiroso refleja la falta de confiabilidad que inspira nuestra época. Nada ni nadie es lo que parece ser. En ese sentido, el film puede resultar tan impredecible como la vida misma. Tal vez ello, sea su mayor falta de mérito. La escena final traiciona al espectador que siguió con paciencia el desarrollo de la trama. La falta de lógica de los personajes triunfa sobre su racionalidad. Tal vez ello genere un final impactante y sorprendente, pero no coherente con el desarrollo de los personajes.

Bill Condon es un director experimentado que nos hace recordar su primer film estrenado en Argentina, Dioses y Monstruos (1998), donde recreaba la vida de James Whale, el director de cine que hizo famosos al monstruo de Frankenstein. En esta, la dualidad del monstruo esta en los personajes. En la descripción de esa dualidad y en la personificación que logran los actores radican los mayores méritos del film. Muy buena, también, la fotografía de Tobías A. Schliessler, llena de luces y sombras respaldadas en tonos apastelados en grises y celestes.

lunes, 2 de diciembre de 2019

FRANKIE de Ira Sachs


AL BORDE DE UN ABISMO

Es mi primer encuentro con el cine del norteamericano Ira Sachs, un director independiente afincado en Nueva York, que ya tiene una media docena de largometrajes en su haber, la mayor parte de los cuales no fueron estrenados en Argentina. Mi impresión es muy favorable.

Este, su último trabajo, es un film contemplativo, construido de pequeños momentos, palabras, gestos, miradas, silencios durante un fin de semana en Sintra, Portugal, donde los personajes son convocados por Frankie Crémont (Isabelle Huppert), una actriz francesa, en un lugar de vacaciones muy tranquilo, que organiza una reunión de familia y amigos con el propósito de pasar unos días juntos, y prepararse para un próximo film.

Su familia involucra a su ex esposo gay (Pascal Greggory), su actual esposo escocés Jim (Brandon Gleeson), su hijastra (Sennia Nanua), su hijo Paul (Jérémie Renier) y una pareja de neoyorkinos, Irene (Marisa Tomei) y Gary (Greg Kinnear), sus mejores amigos que han sido convocados para la ocasión. Pero ese encuentro será solo un pretexto. Ella tiene un secreto que revelar.

La película es el sutil relato de una madeja de relaciones familiares y afectivas que genera un grupo cerrado de personas atrapadas en una realidad que por otra parte parece atormentarlos y preocuparlos.

No obstante ello, estamos ante un film de atmosferas desestresadas y visiones contemplativas que nos habla del amor y la amistad, enfatizando en la fugacidad de la vida. Los personajes pasean, deambulan y mantiene conversaciones por los bosques estableciendo diferentes niveles de relación personal que están regidas por tres tipos de patrones: familiares, amistosas y laborales.

No obstante ello, todos parecen estar afectados por un estado de apatía, de una necesidad de no preocuparse ni por su posición social ni su condición económica. Conforman una especie de familia moderna que disfruta de un fin de semana a pleno descanso.
Ella es una actriz que sabe cómo manejar sus emociones, generando en consecuencia, un film desestresado. Interpretado por Isabelle Huppert, resulta un personaje muy diferente a sus creaciones anteriores en donde prevalecía una mujer de acción y gran carácter. De hecho, en el film, parece más importante lo que no se dice, aquello que se lee entre líneas, y lo queda en silencio.

La abulia y la melancolía recorren la mayor del film. La película avanza tranquila pero firmemente hacia su final. Es un film de momentos. Cada escena es un pedacito de vida. Transcurre en un lugar donde impera el silencio y tiene como fondo el paisaje de Sintra en Portugal, donde ocurre el encuentro.

Frankie es notable como una obra de arte visual. Es una película reflexiva sobre nuestra situación de precariedad del ser humano, que nos obliga a pensar y aceptar que pase lo que pase, el mundo continuará sin nosotros.

viernes, 29 de noviembre de 2019

LA HERMANDAD DE BROOKLYN de Edward Norton



REGRESO AL FILM NOIR

En el film de Edward Norton, autor también del guión, no importa tanto lo que se dice sino el cómo se dice. Repasando el cine estadounidense de todo este año, podemos afirmar que no se ha tratado de un gran año. Particularmente, durante el primer semestre, no recuerdo títulos de interesantes de dicha procedencia. Tampoco resultaron de mi interés las películas que compitieron por los premios Oscar en 2019. Pero estas últimas semanas, el cine americano retornó a mi mejor consideración. He visto Joker, Ad Astra, El Irlandés y ayer La Hermandad de Brooklyn. Estos cuatro films tienen algo en común. Por un lado son cuatro películas que podemos denominar de acción y suspenso. Todas, además, tienen una mirada social muy interesante. Pero lo que más las identifica es su procedencia. No es un cine hecho en Hollywood sino hecho en el Este, producido en Nueva York.

En síntesis, lo que Hollywood no pudo hacer, lo hizo el cine de Nueva York. Cuatro grandes películas que no solo despiertan el interés del espectador, sino también dan una visión del estado de las cosas, del momento que estamos viviendo en el mundo, con una estética variada pero fundamentalmente realista de la situación.
Yendo concretamente a La Hermandad de Brooklyn, su argumento gira en torno de la arbitrariedad con que se maneja la obra pública en aquel distrito. Más allá de la denuncia social, lo que sobresale es una estructura novelada, perfectamente sincronizada, que da lugar a grandes actuaciones de un elenco muy homogéneo.

Lo que más me interesa en el film de Norton es justamente su aproximación cinematográfica al tema. La película está narrada como un film noir, un género de definición bastante imprecisa, películas que giran en torno a hechos delictivos y criminales con un fuerte contenido expresivo y una característica estilización visual. Su construcción formal está cerca del expresionismo, donde las escenas se destacan por una iluminación donde predomina el claroscuro, escenas nocturnas, mucho humo, niebla en el ambiente, música de jazz lento, uso de sombras. La fotografía suele ser en blanco y negro o en colores que tiendan al sepia acentuando la idea de un pasado que tiene retorno.

El trabajo de Norton es narrativo, pero sobretodo, evocativo. Su film, a pesar de comenzar con una estructura coral, de a poco va dejando un espacio que será llenado completamente por Lionel Essrog, el personaje que personifica el propio Norton. O sea, de lo coral pasará a la típica figura del héroe solitario americano que se pone la investigación al hombro, asume sus riesgos y finalmente logra su fin aunque ese objetivo le devengue consecuencias.

Más allá de la gran actuación de Norton, su labor como guionista y como director son sus puntos más altos. Si bien como guionista no sale tan airoso (el film presenta algunos momentos confusos) como director, saca provecho con creces. Norton logra un film noir moderno y estéticamente irreprochable, aprovechando la fotografía de ese maestro de la imagen que es Dick Pope, un fotógrafo inglés que en su haber tiene nada menos que el trabajo realizado para Mike Leigh sobre la obra del pintor William Turner. En el trabajo dirigido por Norton, la fotografía se llena de claroscuros, ambientes pesados de cabarets subterráneos, recreando la atmosfera adecuada para algo que se maneja entre sombras.

Pero el cine es una combinación de imágenes y sonidos. Norton lo sabe. Además es un director americano. Consecuencia, gusta de subrayar las escenas con música. Con buen tino, utiliza un jazz pesado, una obra musical magistral que responde a la inspiración del trompetista Winston Marsalis, quien logra llenar al ambiente de una nostalgia de un tiempo perdido que también tiene que ver con la pérdida del amigo.

Norton, dice: “Necesitaba una balada para un momento emocional importante, para crear una atmosfera de unión y ligereza entre Lionel y Laura", Entonces decidió llamar a Tom Yorke, el cantante de Radiohead. "Sus canciones tienen anhelo y soledad, pero también disonancia", dijo. Hablamos sobre esta noción de lucha, de angustia personal, de una sensación de vivir en tiempos oscuros. Cuando Yorke volvió a la productora, traía bajo su brazo la partitura de "Daily Battles". Una canción que marcará tiempos y momentos inolvidables en el film.

En síntesis, un gran película de Norton que pese a ser su segundo film, y que han pasado 19 años desde su film anterior, sin lugar a dudas ahora ha filmado desde la madurez de su vida, absorbiendo el oficio que le han transmitido los cineastas que lo han dirigido, y el gran elenco que lo acompaña: Bruce Willis, Alec Baldwin, Bobby Cannavale, William Defoe y Gugu Mbatha-Raw.

viernes, 22 de noviembre de 2019

EL IRLANDES de Martin Scorsese


LA OMERTÁ

La Omertá es la ley del silencio. Es considerada la ley de las leyes en el mundo de la mafia. Su respeto obliga a no dar información a la policía ni colaborar con la justicia por ningún motivo. Su quiebre, castiga con la muerte. Su ejercicio es la lealtad.

La nueva película de Martín Scorsese trata este tema basándose en un libro de Charles Brandt y un excelente guión de Steven Zaillan, autor de los guiones de La Lista de Schindler y Gangs of New York (llevada al cine por el propio Scorsese) que narra una historia basada libremente en  la vida real que involucra a tres personajes, uno de los cuales fue Jimmy Hoffa, el líder de la IBT (Hermandad Internacional de Camioneros de los Estados Unidos), que desapareció misteriosamente el 30 de julio de 1975.
Al estilo de su anterior Buenos Muchachos (1990), Casino (1995), Gangs of New York (2002) e Infiltrados (2006), vuelve a narrar una historia de gánsters que trascurre en la segunda mitad del siglo pasado.

El Irlandés será sin lugar a dudas una obra cumbre en la filmografía del director. Con una duración de tres horas y media que se pasan volando, Scorsese nos entrega una muestra contundente de su mejor cine. Partiendo de un guión sólido y riguroso, la puesta en escena del director lo muestra poseedor de una cantidad de recursos narrativos que logran enganchar al espectador y mantenerlo atrapado a su butaca durante todo el metraje.
El personaje central, interpretado por Robert De Niro es Frank Sheeran, un hombre de unos 40 años de edad, casado con hijos, camionero americano que ha estado en la 2da guerra durante el desembarco aliado en Anzio, Italia, que descubre algunas vulnerabilidades en el sistema de reparto de carnes que decide explotar en provecho propio. De esta manera, comenzará a proveerle cortes de primera a Russel Bufalino (Joe Pesci), un hombre de altos contactos con la mafia, que le tenderá un puente casual con Jimmy Hoffa (Al Pacino), el líder de los camioneros.

El film nos hablará de un rígido sistema que opera paralelo a la ley desarrollando sus propias leyes y su propia justicia. En ese sistema no hay leyes escritas pero hay conductas que se transmiten de generación en generación, se manejan con el sentido común y permite ser alguien simplemente obedeciéndolas. Los errores comunes son advertidos. Pero los errores graves se pagan con la muerte.

El sistema opera con una verticalidad total. El que está arriba tiene todo el poder y lo mantiene mientras es capaz de ser obedecido. No hay lugar para el paso en falso. La debilidad deja afuera del sistema. La traición o la rebelión conllevan la pena de muerte.
El Irlandés no solo es una historia entretenida sino que está novelizada a partir de hechos reales que la prodigiosa pluma de Charles Brandt volcó en un libro llamado I Heard You Paint Houses (Escuche que Eres Pintor de Casas), que Steve Zaillan transformó en guión cinematográfico y Martín Scorsese volcó en una imágenes inolvidables en las que acentúa una idea de fatalismo, aquello que determina que los acontecimientos no se pueden evitar por estar sujetos a una fuerza superior que rige los destinos del mundo. Esa rigidez que lleva a la imposibilidad del cambio.

Los acontecimientos ocurrirán inexorablemente uno tras otro porque todos los involucrados en la historia siguen un devenir del cual no pueden esquivar ni escapar. Cada uno juega un rol determinado hasta el final, y como en crimen y castigo, uno se pregunta si es moralmente condenable un acto que responde a un objetivo es superior.

El film tiene por lo menos cinco grandes escenas: la presentación del personaje, David Sheeran, su transformación como gatillo del sindicato, el agasajo a Hoffa, su asesinato, y la escena final en la residencia de ancianos son todas absolutamente antológicas. Y tengo que remitirme muy lejos, tal vez al cine de mi niñez, para encontrar una película como esta, tan solo comparable a Nido de Ratas, a Lawrence de Arabia, a Taxi Driver, a El Padrino, o más recientemente, El Paciente Inglés ó Manchester by The Sea donde la calidad narrativa y el interés de lo narrado confluyen para constituir una gran película.

El personaje de De Niro es el de un ex soldado que participó en la Segunda Guerra. Ha matado porque ha estado en ella. De regreso a su patria, se gana la vida como un camionero hasta que se vuelve un hombre de confianza de un sindicalista de Nueva York que comienza a utilizarlo como un gatillo confiable. Él será finalmente el asesino de Hoffa. Nunca será condenado por la ley. Su castigo será sobrevivir a su generación.

Las labores de De Niro, Pacino y Pesci son verdaderamente antológicas. Scorsese, como director, filma sobre el tema que más le gusta, disfrutando de lo que está haciendo, y da una clase magistral de cine. El Irlandés, es cine en estado puro. No hay duda que existe un guión que el director sigue fielmente, pero las imágenes de Scorsese hablan por si mismas. Sus silencios nos dicen más que las palabras. Y las palabras entran en un mutismo que solo dicen lo que tienen que decir.

A 43 años de Taxi Driver, y a los 77 años de edad, Scorsese nos vuelve a maravillar con escenas memorables, un relato meditado, con una maravillosa descripción de los tres personajes principales (merito aparte de los tres grandes intérpretes), con una fotografía de Rodrigo Prieto que va de imágenes fijas de primeros planos a movimientos notables como los del asesinato de Hoffa que parece estar filmando como un paso de ballet. La prolijidad, la elegancia y la variación de tonalidades de Prieto adaptando la luz a la necesidad de cada escena son muy destacables. De la misma manera, el acompañamiento musical de Robbie Robertson.

Estamos ante una producción de Netflix destinada al televidente. Su estreno en los cines no será masivo y en Buenos Aires solo estará en cartel una semana en un solo cine. Sus tres horas y media de proyección exigen concentración y continuidad para su disfrute. El estreno cinematográfico obedece solamente al cumplimiento de ciertas normas americanas que de esta manera habilitan a una película para competir como candidata a los premios Oscar. No comparto esta reglamentación. Privar al público cinematográfico de una película como esta es una herejía de la comercialización. Su esplendor y complejidad narrativa es tan grande que merece ser vista en un cine porque, esencialmente, obliga a la concentración.

El Irlandés no es una película más en la vasta filmografía de Martin Scorsese.  Es una obra de madurez que deberá ser colocada entre las grandes obras maestras de la historia del cine.